Un tono político más agresivo

Por: Oscar Raúl Cardoso

Cuando se trata de ser todo para todo el mundo se corre el riesgo de terminar siendo nada para nadie. Este es el peligro que parece enfrentar el presidente de Estados Unidos Barack Obama, que debe dar una batalla más para obtener que el Congreso le apruebe algo parecido a la versión original de su plan de rescate y estímulo para la crisis económica. Lo que hoy tiene en la mano es un fárrago de medidas que difieren entre lo aprobado por la Cámara baja y el Senado

Una negociación bicameral se impone y en este trance el programa original –algo más de 800 mil millones de dólares– puede quedar desfigurado en cuestiones centrales como la asistencia directa del gobierno federal a los estados, la cantidad de empleos que puede generar la inversión pública y la porción del gigantesco plan que será efectivamente dedicada a la obra pública.

Obama aun puede ganar esta instancia –dicen los analistas– pero lo que emerge ya dañada es la búsqueda de una ubicación política "post partisana" que Obama promovió como uno de los ejes centrales de su candidatura. Esto es, asumir el rol de líder que une a demócratas y republicanos dejando atrás las diferencias históricas.Y, sin embargo, lo que acaba de actuar como muro que detuvo el programa original es precisamente la confrontación histórica entre conservadores y progresistas en un debate que es apenas un eco del pasado. En la versión del Senado hay menos dinero para los estados, para la educación, para el mantenimiento de los servicios esenciales (verbigracias salud); en total un 10% del valor del programa fue talado por los conservadores.

¿Qué pasó? Durante los primeros disparos de esta batalla presupuestaria Obama intentó preservar su estilo "post partisano" abriendo espacio en el proceso a las demandas de los conservadores. Recién en los últimos días, el presidente recuperó un tono político más agresivo advirtiendo sobre una suerte de apocalipsis económico inevitable si no se implementa el programa. Obama llevó ayer esta visión a Indiana, uno de los estados más golpeados por la crisis, en lo que parece haber sido la primera escala de una gira destinada a renovar la presión popular sobre los legisladores. Cabe recordar que muchos economistas han señalado que aun si el programa de rescate fuese aplicado tal y como Obama lo desea, el monto sería insuficiente de todos modos, otro efecto negativo sobre los planes del novel presidente. Las encuestas dicen que el programa ya sufrió una erosión en la opinión pública confundida por la urgencia y por un debate sobre qué hacer que no insinúa fin.

Lo de Obama parece ser un error de cálculo frecuente sobre el propósito del sistema democrático. Ninguno de sus teóricos dijo que dejaría atrás los conflictos, tan solo que ofrecía un mejor marco para su resolución. La puja igual tendría vencedores y vencidos.

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