Todos los votos del 28-J son prestados

Por Luis Majul

Todos los votos de quienes ganaron la elección del domingo pasado son prestados. Es decir, no tienen dueño, sino inquilinos. No son transferibles a ninguna otra escena de tiempo y espacio que no sea el 28 de junio del año 2009.

Son prestados los votos a Francisco De Narváez, pero también los que recibió Fernando Pino Solanas, Carlos Reutemann y Julio Cobos. Igualmente son prestados los votos que supieron conseguir el jefe de gobierno Mauricio Macri y los gobernadores que ganaron como Mario Das Neves, José Luis Gioja, José Alperovich, Jorge Capitanich y Juan Manuel Urtubey. Son prestados los votos de De Narváez porque ‘El Colorado’ ganó, antes que nada, debido a una sucesión ininterrumpida de errores políticos y personales de Néstor Kirchner. Estratégicos y tácticos. Desde la arriesgada decisión de colocar a su esposa como presidenta de la Nación hasta la desesperada jugada de ofrecerse él mismo como primer candidato a diputado nacional en la provincia de Buenos Aires. Desde la loca pelea contra el campo hasta la manipulación de las cifras del Indec con el objetivo de contener la inflación.

Los méritos del candidato de Unión-PRO no fueron pocos. Empezó la campaña electoral hace más de dos años, gastó millones de pesos en instalar su figura mucho antes de la competencia, se alejó de Eduardo Duhalde justo a tiempo. Ideó una sociedad con Macri y Felipe Solá que le dio mayor volumen al proyecto. Usó a Gran Cuñado en particular y a los medios en general como ningún otro candidato lo hizo. Forzó la polarización con Kirchner con precisos y profesionales toques de campaña. De cualquier manera, nada es comparable con las toneladas de errores que viene cometiendo el ex presidente desde antes del final de su mandato.

Pino y Lole

Son prestados los votos de Pino en la Ciudad por mucha de las razones que explican el triunfo de De Narváez. Pero también porque fueron elecciones legislativas, porque el peronismo porteño no presentó un candidato propio, porque Elisa Carrió se equivocó al ungir a Alfonso Prat-Gay para evitar una derrota directa contra Gabriela Michetti y porque todo eso junto se hizo muy visible en el único debate que mantuvieron antes del domingo.

Reutemann también le debe a Kirchner su apretada victoria. Si no hubiera insistido en diferenciarse del gobierno nacional, ponerse del lado del campo y anticipar que se presentaría como alternativa presidencial aunque ganara por un voto, se hubiera quedado en el camino, como les pasó a los que no criticaron con dureza las decisiones K.

Cobos y Mauricio

Cobos sigue usufructuando de su voto no positivo. Pero debería prender una vela para que el matrimonio presidencial lo elija definitivamente como su principal enemigo. De otra manera, corre el riesgo de desdibujarse, igual que Reutemann.

Macri, en cambio, tendría que leer con mucho cuidado por qué su principal candidata logró el 15% menos de los votos que los que obtuvieron en la primera vuelta para gobernar la ciudad. El está convencido que la fuga tiene que ver con el adelantamiento de las generales y el impedimento de celebrar elecciones separadas. "Pino apareció como el más antikirchnerista, incluso más opositor que Gabriela", analizaron hombres muy cercanos al jefe de Gobierno.

El ex presidente de Boca debería analizar hasta donde perjudicó a Michetti su renuncia a la vicejefatura de Gobierno y la crítica a su propia gestión, después de la enorme expectativa que había despertado.

¿Qué hubiera pasado si Kirchner no hubiese cometido algunos de sus errores más groseros?

No solo habría ganado con cierta comodidad. A esta altura del año, estaría imaginando su retorno a la presidencia en 2011.

¿Tiene tiempo y espacio para corregirse y volver a conquistar a una buena parte de la mitad de los argentinos que votaron a Cristina hace menos de dos años? Los tiene. Porque ningún opositor criticaría la renuncia de Guillermo Moreno y la normalización del Indec, la despolitización del Consejo de la Magistratura, una reestructuración de las tarifas que haga pagar a los más ricos lo que no pueden abonar los más pobres o un llamado al diálogo para consensuar cuestiones de Estado como la inseguridad. Pocos medios descalificarían el ingreso de un ministro de Economía con la capacidad y la autonomía que caracterizaron a Roberto Lavagna. Los periodistas aplaudirían con ganas el suministro de información, las conferencias de prensa sin límites de preguntas.

Nada le impide cambiar. Pero Néstor Kirchner ¿es capaz de cambiar?

¿Es capaz de volver sobre sus pasos y convertirse otra vez, por ejemplo, en aquel Presidente que alentó a la mejor Corte Suprema de Justicia de toda la historia? No. Parecería que ya no. Está todavía dominado por el resentimiento político. Y convencido de que sus caprichos personales son principios a los que no se deben renunciar, aún en la derrota.

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