Todos sueñan lo mismo: vencer a Kirchner

Por Fernando Laborda

Faltan 23 meses para la renovación presidencial, pero la danza de candidaturas para reemplazar a Cristina Kirchner ya se ha iniciado.

Quien abrió el baile, hacia las fiestas de fin de año, fue Eduardo Duhalde, pese a que alguna vez había dicho que nunca más aspiraría a un cargo público y pese a que las encuestas de opinión pública no parecen favorecerlo.

Casi inmediatamente, el vicepresidente Julio Cobos, aunque algo más tímidamente, ratificó su interés en regir los destinos del país desde diciembre de 2011. Y ni Mauricio Macri ni Felipe Solá ni Francisco de Narváez descartan sus postulaciones presidenciales.

Todos parecen soñar con lo mismo: enfrentar y vencer a Néstor Kirchner en un ballottage.

Claro que resolver el rompecabezas de la oposición no es sencillo. Porque la tantas veces mentada unidad de las fuerzas opositoras parece hoy imposible, y no habría que descartar incluso más divisiones.

En las últimas horas, el senador cordobés Luis Juez (Frente Cívico) hizo una contribución para complicar aún más el panorama de la oposición. Impulsó públicamente una convergencia junto al gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, y al diputado y cineasta porteño Fernando "Pino" Solanas. Los socialistas santafesinos han sido aliados del radicalismo en las últimas elecciones.

Si la propuesta de Juez se lleva a la práctica, podríamos tener hacia 2011 un escenario integrado con una candidatura presidencial del peronismo disidente, que podría estar encarnada por Carlos Reutemann, Eduardo Duhalde, Felipe Solá o eventualmente Francisco de Narváez, sin descartar un postulante de PRO, como Mauricio Macri; un Julio Cobos apoyado por el grueso de la Unión Cívica Radical, y un candidato del centroizquierda, que podría ser Binner o Solanas, sin desechar la alternativa de Elisa Carrió.

Parecen, sin duda, muchos, demasiados, candidatos potenciales para la oposición. Pero la atomización no preocupa hoy mayormente a sus dirigentes, pues todos están convencidos de que la pobre imagen del matrimonio Kirchner en los sondeos de opinión pública le garantizaría el triunfo en una eventual segunda vuelta a cualquiera de los postulantes opositores frente a un Kirchner que, al igual que Carlos Menem en 2003, sólo podría aspirar a llegar al ballottage sin chances de ser reelegido.

Aunque las encuestas pronostiquen con claridad ese escenario si las elecciones fueran hoy, nadie puede olvidar que hasta octubre de 2011 faltan 22 meses, que en la Argentina equivalen a una eternidad. En ese largo recorrido, los dirigentes de la oposición, antes de definir candidaturas, deberán buscar consensos para enfrentar desde el Congreso las políticas kirchneristas que critican y que sirvan de base para la conformación de políticas de Estado que les permitan hacer frente a las demandas sociales.

Si no se dan esos pasos, cualquier figura que llegue al Gobierno desde la oposición al kirchnerismo correrá el riesgo del aislamiento al tiempo que, si no proviene del justicialismo, cargará con el síndrome de que ningún presidente no peronista elegido democráticamente pudo concluir su mandato en más de medio siglo.

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