Todos somos Cáceres

Es cierto: Fernando Cáceres puede ser cualquiera de nosotros. Tanto, que dos horas antes del ataque al futbolista y bien cerca de allí, un comerciante era asesinado delante de su esposa. Dos casos casi calcados. Con una sola diferencia: Cáceres es un personaje público.
Ya es una explicación que no explica nada que lo de Cáceres fue un robo al voleo. Está lleno de robos al voleo. Todo el tiempo. ¿Y entonces? Maradona, que muchas veces se pasa de rosca, esta vez dijo algo que piensa la mayoría: "salir a la calle es un peligro constante. Acá nadie hace nada y algo hay que hacer"

La inseguridad es un problema bien complejo. Un cóctel explosivo de marginalidad, droga y chicos delincuentes. Nadie puede pretender que se resuelva de un día para el otro: hacen falta políticas de inclusión que no aparecen, según cantan las cifras reales de la pobreza. Y es evidente que tampoco se consigue aplacar la violencia. Cada vez es más común el salvaje matar por matar.

En esto han fracasado todas las recetas que se aplicaron: la reforma a las leyes, las reorganizaciones y purgas policiales, los foros, las cámaras de vigilancia y el aumento de efectivos, siempre insuficiente. Algunas o cualquiera de estas medidas pudieron ser buenas. Pero pobres, comparadas con los resultados. También la Justicia corre detrás. Muy detrás. El número de condenas es absurdamente bajo y al revés, el número de reincidentes es absurdamente alto. En un caso, ineptitud y falta de recursos. En el otro, la famosa puerta giratoria. De arriba a abajo, todos tienen una explicación para justificar lo que no hacen o no funciona. Y hasta es posible que por falta de pago, el Gobierno decida de golpe sacar policías de la ciudad. Otra vez, la gente rehén de la política.

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