¿Todos quieren a Obama?

Por: Osvaldo Pepe

A menos de una semana en el poder, Barack Obama no deja de enviar señales que en el mundo le agradecen quienes creen que la civilización política se basa más en los principios y valores que en la fuerza, aunque el poder se nutra sobre todo de ésta. Pero sólo con fuerza se logra obediencia o sometimiento

Con la autoridad del buen liderazgo, en cambio, se suman voluntades y consensos. Obama no es un improvisado que llegó a Washington por un accidente de la historia: antes que en el mundo, está pensando en rescatar a su país del desastre económico y social en que lo sumergió la era Bush, esa parodia tardía de los "reagonomics" de los 80. Pero todo lo que él haga repercutirá en cada rincón del planeta.

Piensa en más control y transparencia para los agentes financieros (Obama estudia medidas para controlar más a los mercados) y ya dijo que EE.UU. sigue en guerra contra el terrorismo, pero ahora rechaza la tortura, el oprobio de Guantánamo y las cárceles clandestinas de la CIA. Un golpe a la falsa opción entre los ideales y la seguridad. Primero está la ley. Si hubiesen actuado así quienes desde el Departamento de Estado miraron para otro lado en la matanza del terrorismo de Estado en los 70, aquella tragedia argentina podría haber tenido otro desenlace.El terror político no se combate con los métodos del enemigo. El nazismo no fue juzgado con hornos crematorios, sino en Nüremberg. El mundo celebra el liderazgo moral que insinúa Obama, pero según la CNN, en el país de las grandes libertades el 47% desaprueba su mirada legalista contra el terrorismo. No es de extrañar. Pese al calamitoso gobierno de Bush, Obama ganó la elección por menos de 7 puntos. Por eso, su gran batalla no será convencer al mundo. Primero deberá probar eso en su propio suelo.

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