Todos pierden piezas clave

En apenas 14 días se fueron 49 jugadores, muchos de ellos figuras de sus equipos y del fútbol argentino.
No se trata de una situación nueva, sino la consecuencia de una realidad: el principal ingreso de todos los clubes es la transferencia de futbolistas, sobre todo al exterior. No les queda otra: deben vender. Y eso, temporada tras temporada, genera un éxodo que, inevitablemente, repercute en el nivel de los planteles. Está claro: no será lo mismo River sin Radamel Falcao; ni Boca sin Rodrigo Palacio (más allá de su presente en declive); ni Independiente sin Daniel Montenegro (segundo goleador del Clausura, con 12 tantos); ni Racing sin Franco Zuculini; ni el Huracán del tiki tiki sin Javier Pastore.

El éxodo ya cuenta con 49 futbolistas transferidos o cedidos o devueltos a clubes del exterior en apenas 14 días, desde la finalización de la última temporada.

"Para mantener la economía del es imprescindible poder vender al menos un jugador", dice el vicepresidente de Huracán, Norberto Giuliano. Algo parecido sostienen en la mayoría de los clubes. Incluso los mejores alumnos de la AFA viven de las transferencias de sus futbolistas: Vélez todavía disfruta de los 21 millones de dólares que le pagó Al Sadd, de Qatar, hace dos años por Mauro Zárate. Pero no sólo eso: el mes pasado le ingresó un millón de euros por los derechos de formación, luego del traspaso del club qatarí a Lazio, de Italia. Este es otro aspecto valioso para la subsistencia de los clubes argentinos. A Racing, por ejemplo, entraron 800.000 euros por el pase de Lisandro López del Porto al Olympique de Lyon. Los dos delanteros, integrantes de otros éxodos no tan lejanos, también participan de esta suerte de rueda.

Los horizontes se amplían año tras año, pero los clásicos destinos de otros tiempos se repiten. Italia es el país al que más emigraron los futbolistas argentinos. Algunos volvieron después de estar a préstamo. Como el caso de Joaquín Larrivey, por el que Vélez todavía hace gestiones para comprar el 50 por ciento del pase al Cagliari. En la misma situación volvieron Jonathan Bottinelli y el uruguayo Bruno Fornaroli de San Lorenzo a Sampdoria. Y Luciano Figueroa, de Boca al Genoa, aunque es posible que regrese a la Argentina, pero por la puerta de Independiente. En tanto, hubo varios que fueron contratados por clubes del calcio: Catania se llevó a Mariano Andújar y a Nicolás Spolli. Palermo compró a Nicolás Bertolo y a Pastore. Udinese ya tiene a Leandro Caruso; Genoa, a Palacio; Parma, a Pablo Fontanello; y Catania, a Pablo Barrientos.

El caso de México es interesante: muchos deciden jugar allí antes que en las ligas del segundo escalón de Europa. La liga local empieza esta semana con 39 argentinos, cinco de los cuales jugaron la última temporada en la Argentina: Daniel Montenegro (está en el América), Santiago Solari (en Atlante, que jugará también el Mundial de Clubes), Mariano Barbosa (en Atlas), Carlos Bossio (en Gallos Blancos) y Gastón Fernández (Tigres), También se sumó a San Luis Potosí el paraguayo Pablo Aguilar, de Colón, y podría agregarse el venezolano César González, ex Huracán. Dos extranjeros que también forman parte del éxodo argentino.

Ahora, países que hace una década parecían remotos o insólitos son frecuentes compradores de futbolistas nacidos en la tierra de Maradona. Los ejemplos más recientes: Cristian Sánchez Prette, tras consagrarse campeón de la Copa Libertadores con Estudiantes, regresó al Cluj, de Rumania. A Hernán Fredes (ex Independiente) lo contrató el Metallist de Ucrania, el mismo club donde jugaba Walter Acevedo, nuevo refuerzo del Rey de Copas. Y Víctor Figueroa (de notable Clausura con Godoy Cruz) se fue tras los petrodólares del fútbol árabe y jugará en el Al Nasr.

El equipo más perjudicado por la partida de futbolistas fue San Lorenzo. Bottinelli y Fornaroli se fueron a Italia. Adrián González emigró al Sao Paulo, de Brasil; Solari, al Atlante; Cristian Ledesma retornó al Olympiakos; Santana, al Wolsburgo. Al club no le entró un centavo. Cosas de nuestro fútbol. Y de este fenómeno inevitable.

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