"A todos los parientes, de pronto, les surge vocación por la política"

Pedro Moisés Monteros, candidato a diputado. De larga militancia en el peronismo, lamenta que los hombres públicos hayan perdido la vocación de servicio.

NOMBRE: Pedro Moisés Monteros.

EDAD: 61 años.

ESTADO CIVIL: casado con Marta del Valle Ulloa. Tienen cuatro hijos y cuatro nietos.

OCUPACION: empleado legislativo, y hasta 1985 era cantor de tangos.

En la vida de Pedro Moisés Monteros, candidato a diputado nacional en primer término por el Partido Federal, la política y la música están inescindiblemente ligadas. Se ha dedicado a ambas con la misma intensidad, hasta el punto de que cultivó profesionalmente el tango. "Cantar no tiene que ver con la militancia, pero quien se emociona con el canto siente lo mismo cuando milita: transmite sentimientos y, por ende, puede pasar del llanto a la alegría, o viceversa", asegura.

Si bien nació en Juan Bautista Alberdi, en la villa, como la llama, sólo ha vivido hasta los siete años, porque, a principios de los años 60 del siglo XX, partió a Buenos Aires, donde tuvo su primer y fundamental contacto con el peronismo. "Ocurre que mi mamá trabajaba en el frigorífico La Blanca, en Avellaneda, y allí fuimos", relata.

Gracias a ese desplazamiento geográfico pudo entrar en contacto con la resistencia peronista; es decir, con dirigentes del movimiento que había quedado proscripto tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, en 1955. En particular, se vinculó con el sindicato de trabajadores portuarios, que encabezaba Eustaquio Tolosa, y con el denominado "Comando Eva Perón", que lideraba el polémico Herminio Iglesias, que posteriormente, en 1983, tras la vuelta de la democracia, incendió una bandera radical durante el acto de cierre de la fórmula presidencial justicialista Italo Luder-Deolindo Bittel, en un hecho que suele considerarse fundamental para el triunfo de la dupla Raúl Alfonsín-Víctor Martínez. Pero Monteros prefiere recordarlo con respeto. "Yo, que era chango (sic), participaba de las pintadas en la calle y preparaba el mate cocido para los compañeros. A Herminio, que me decía ‘El tucu’, le cebaba mates amargo", rememora.

En los años 70 regresó a Tucumán y se dedicó a la música, gracias a la cual ha recorrido todo el país. Si bien cultivó diversos géneros, lo suyo era el tango. Todavía recuerda su despedida de los escenarios durante la Fiesta Nacional del Azúcar, en Aguilares, en 1985, donde cantó con Virginia Luque y Guillermo Fernández, entre otros. Monteros no duda: "hay una vinculación entre el peronismo y la música ciudadana argentina, con la que comparte las mismas raíces, así como los mismos sentimientos respecto de la vida".

Durante los primeros años de la democracia vivió en La Pampa, como colaborador del entonces gobernador Rubén Marín. Posteriormente, cuando se produjo la intervención federal a Tucumán, en 1991, regresó a la provincia. Y ya no se fue más.

El fenómeno de la dispersión

Empleado de la Legislatura y miembro del sindicato que agrupa al personal de ese poder, a Monteros le duele que, pese a su larga militancia, actualmente no tenga cabida en el Partido Justicialista (PJ). "Todavía está pendiente el debate entre peronismo y PJ. El propio Perón, en su segunda etapa, solía quejarse de los logreros (sic). En Tucumán, como consecuencia del abandono de Fernando Juri, hay peronistas que están fuera del partido, dispersos, al margen del oficialismo alperovichista. Luego están los tránsfugas, los que están en el movimiento, la pasan bien con lo que este genera, y cuando se van se llevan una chapa (sic) y se muestran como si siguieran perteneciendo a él", se queja.

Respetuoso de la figura del ex gobernador Fernando Riera, Monteros lamenta que la política, lejos de ser una vocación de servicio, se haya degradado a medio "para mejorar la calidad de vida de algunas familias". "Hacer política no es aprovecharse de los cuatro años de una gestión para que termine millonario hasta el gato de la casa. Eso sin contar que, de pronto, se descubren las virtudes para la política de todos los parientes. Así, mientras uno es intendente, la esposa es legisladora y el hijo, concejal. Pese a que a mí me conmueve la política, sólo logré que uno de mis cuatro hijos, el de 11 años, me haga preguntas sobre ella. No tuve la suerte de otros", ironiza.

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