Todos miran a Sapag

Es un momento clave, para el MPN y para la provincia. En un contexto complicado, la interna del partido provincial avanza para ocupar el centro de la escena.
Las solicitadas que aparecieron este domingo en los diarios, promocionando la candidatura del gobernador Jorge Sapag a la presidencia del MPN, son la muestra más clara de que la interna del partido provincial avanza sin pausas para ocupar el centro de la escena política.

Es lógico que así sea. El MPN representa algo más en Neuquén que un partido político en el gobierno. Representa, sin duda, un modelo de poder. Histórico, además. Hegemónico, por añadidura. Un partido que ha atravesado todos los ciclos: democráticos, dictatoriales, de vacas gordas, de vacas flacas, con petróleo caro, con petróleo barato. Y ha sido protagonista siempre.

La interna actual enfrenta a los socios de la interna del 91. En aquella oportunidad, Jorge Sobisch llegó por primera vez al gobierno aliado con Elías Sapag y su familia. Jorge Sapag formó parte importante de esa alianza. Y después acentuó su protagonismo, hasta que dijo basta en 2003, y comenzó a forjar su propio espacio, fuera ya del gobierno.

El juego de intereses y la dinámica política hizo que aquella sociedad inicial, que enfrentó a la familia de Elías con la de Felipe, derivara en el nuevo siglo en una reasunción de la estructura familiar completa, para enfrentar a Sobisch. Y en una reactualización de la doctrina partidaria, sobre la base de impulsar un partido sin líderes absolutistas, algo que el MPN comenzó a predicar en la década del ‘80, pero que nunca llevó a la práctica, tal vez por imposibilidad genética.

La interna del MPN actual es uno de los principales datos de la realidad política de la provincia. Hay que sumar otros dos: el cambio económico que impulsa la recesión global y que afecta el precio del petróleo; y el imparable deterioro político del matrimonio Kirchner.

Estos tres factores interactúan en un escenario complicado. El Tesoro provincial se ha deteriorado en la misma medida en que comenzó a utilizarse esta realidad como argumento político.

Lo concreto es que todavía se está a tiempo de frenar la caída. Es posible desde la razón económica, pero un poco más difícil desde la concepción política del momento.

El gobierno de Sapag se construyó desde la relación con el gobierno nacional, y desde la apertura hacia las corporaciones gremiales estatales. El gobierno nacional ha dilapidado toda la confianza social que había conseguido. Y los gremios solo saben de una lógica: ocupar espacios de poder crecientes.

Hay que ser bastante iluso si no se evalúan al menos dos posibilidades negativas concretas: 1) el gobierno de los Kirchner reducirá su “colaboración” con gobiernos provinciales que no mueven la aguja electoral nacional; 2) los gremios redoblarán la presión aprovechando la relativa debilidad de un gobierno provincial obligado a buscar una temprana validación de gestión desde la interna del MPN.

Estos dos factores negativos se pueden utilizar como positivos también desde el gobierno. De hecho, a los Kirchner no les interesa que recupere protagonismo un enemigo como Sobisch. A los gremios estatales, al menos ATEN y ATE, tampoco.

Así las cosas desde el contexto especulativo, hay que considerar que en el contexto real y presente, lo más preocupante para el gobierno es la certeza de que la masa salarial se le va a 3.200 millones de pesos sin otorgar ningún aumento, mientras los recursos en lugar de aumentar, se reducen.

De hecho, esta realidad haría trizas la ilusión (una vez más) de reservar los recursos extraordinarios de la renegociación de los contratos petroleros para obras y reconversión económica. ¿O acaso no serán utilizados, si no hay otro remedio, para que el Estado se conceda a sí mismo “créditos” que tapen agujeros de caja?

Si el petróleo sigue en baja, esto repercutirá también en menos regalías, porque se redefiniría también el precio nacional, que era de 47 dólares (la cotización en Texas del WTI había bajado a 43 dólares el barril). Lo único que podría beneficiar a Neuquén en este contexto es que siga subiendo el dólar con las devaluaciones del peso, porque así compensaría al menos los costos salariales.

En lo poco que resta de este año, y en el primer mes del año próximo, se verá cuál es la decisión del actual gobernador. Le toca definir retoques en su gobierno –se avanzará en un cambio de organigrama- y su nivel de participación en la interna partidaria.

El MPN, más allá de los deseos dirigenciales de participación horizontal, es todavía un partido que depende de sólo un puñado de referentes con peso para este tipo de coyunturas extremas.

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