Todos miran a Kirchner y a Reutemann

Por Joaquín Morales Solá

Néstor Kirchner y Carlos Reutemann. En la curva final, en los decisivos últimos diez días antes de las elecciones, el peronismo ha decantado sus prioridades y sólo mira a esos dos dirigentes. Reutemann es el relevo anunciado de Kirchner, su más poderoso contrincante de fondo, pero Reutemann debe ganar Santa Fe para tener el derecho al liderazgo del peronismo nacional. Kirchner ha recibido malas noticias con las últimas encuestas de Buenos Aires y eso explica, en parte al menos, el regreso apresurado a su estilo genuino, confrontativo y destemplado, que había disimulado en las últimas semanas.

En efecto, las últimas mediciones en la provincia de Buenos Aires siguen colocando al ex presidente a las puertas de una eventual derrota. Ninguna elección está terminada con tanta anticipación, sobre todo cuando los porcentajes de él y de Francisco de Narváez son muy parejos. Pero dos encuestas que llegaron a sus manos en horas recientes le mostraron que nada se mueve en el territorio bonaerense. Todo sigue dramáticamente igual.

Kirchner mantiene un debate soterrado, en voz baja, con sus asesores políticos y de opinión pública. Estos le recalcan que el hombre peleador y crispante espanta a la gente común. Kirchner se pregunta, y pregunta, por qué debe abandonar un modo que le fue útil durante tanto tiempo. "La gente me sigue cuando soy como soy", repite.

Kirchner acaba de encresparse inexplicablemente por una versión periodística. Esta indicaba que el Gobierno podría adelantar las elecciones presidenciales si Kirchner perdiera en la provincia de Buenos Aires. No sería sólo la derrota del principal dirigente político del país, como lo es Kirchner. También sería el fracaso del más importante líder territorial de la Argentina (Daniel Scioli); del jefe de Gabinete de ministros nacionales (Sergio Massa), y del referente más conocido de la estructura peronista bonaerense (Alberto Balestrini), virtual caudillo del aparato político más poderoso del país.

¿Puede gobernarse la Argentina con tan poco? Puede. Pero Kirchner necesita de mucho más. Sólo le quedarían al kirchnerismo dos alternativas: un profundo cambio de gobierno ?y, sobre todo, de las formas de gobernar? o un anticipo rápido de las elecciones presidenciales. No habrá tres alternativas.

Sin embargo, parte de ese destino se escribe también en Santa Fe y no sólo en la provincia de Buenos Aires. Reutemann se mide allí con el gobernante socialismo. El senador peronista santafecino es el único justicialista en condiciones de abroquelar a su partido y de encarnar en el acto un liderazgo peronista muy distinto del de Kirchner.

Reutemann nunca fue kirchnerista, pero le dio el golpe de gracia al kirchnerismo cuando provocó en el Senado la fuga de muchos senadores oficialistas durante el tratamiento de las retenciones a la soja y el girasol. Nunca hubiera existido el desempate de Julio Cobos sin la sublevación previa de Reutemann y de otros senadores peronistas.

Kirchner no habla en público de Reutemann, aunque en la intimidad suele dedicarle algunas frases duras como martillazos. "Es más senador por los ruralistas que por el peronismo", desliza asiduamente el ex presidente. Pero nunca lo nombra en sus tribunas de fuego. ¿Casualidad? ¿Premeditación? Nadie lo explica.

El socialismo santafecino juega, a su vez, algo más que un domingo de victoria. El triunfo o el fracaso colocarán o sacarán al gobernador Hermes Binner de la mesa de la coalición con el radicalismo y con Elisa Carrió que decidirá la fórmula y la propuesta de las vertientes no peronistas del país. Binner ha decidido jugar como si el candidato a senador fuera él mismo. Reutemann pelea, entonces, contra dos gobiernos, el nacional y el provincial.

Los socialistas han elegido una buena estrategia para enfrentar a Reutemann. El día después de las elecciones, dicen, Kirchner y Reutemann estarán juntos. Veneno para Reutemann en las urnas. El 80 por ciento de los santafecinos rechaza a Kirchner. Es una de las provincias que más sufrieron las pésimas políticas agropecuarias de Kirchner. Ya erosiona la base electoral del senador peronista la mera sospecha social de que es posible aquel acuerdo entre Kirchner y Reutemann. El silencio de Kirchner ayuda a los socialistas.

El fuerte de Reutemann está en el interior de su provincia. La cosmopolita Rosario es una plaza que no conquistará esta vez. Pero el propio interior podría abandonarlo si creciera la suspicacia sobre sus cercanías con Kirchner. Esa cercanía no existe. La relación entre ellos está definitivamente rota. "¿Qué más debo decir para demostrar que nunca estaré con Kirchner? ¿Qué más debo hacer?", pregunta el senador. Las encuestas están dando, igual que en la provincia de Buenos Aires, el resultado de un empate. La liebre podría saltar para cualquier lado el domingo de elecciones.

Kirchner prefiere que pierdan los dos si es que hay que perder. Varios gobernadores peronistas prefieren más a un Reutemann victorioso que una derrota de ellos dos. Tendrían en el acto un relevo, homologable por gran parte de la sociedad, para un líder nacional que el 28 de junio comenzará, sea como fuere el final bonaerense, la inevitable travesía hacia el ocaso.

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