Todos con Cobos

Por Martín Caparrós.

Avanza la conspiración para imponer la candidatura de Julio Cobos. Entre ostras y magrets se ultiman sus detalles.

El CoCo –Comando Conspiraciones– anda sobrepasado. Desde el éxito de sus operaciones anteriores –ustedes recordarán, la que consiguió eliminar las estadísticas oficiales cargándose el Indec, la que no consiguió matar a uno de los Kirchner para que el otro ganara las elecciones pero igual impactó por su audacia–, los encargos les llueven. Y a los muchachos del Comando, es obvio, les encanta mojarse.

–Pero ésta no la veo. Nos puede salir por la culata.

–Por la culata te va a salir a vos, precioso.

Con los éxitos, el CoCo se regaló un upgrade: ya sólo se sientan en La Bourgogne del Alvear o el Duhau del Hyatt, donde están seguros de comer mal pero muy caro –o, como dice Dos: se morfan cada vez un par de lucas, y no hay plato más rico que la guita. Ellos sostienen que es cautela –que es más tranquilo charlar rodeados de extranjeros–, pero saben que mienten: en otras mesas suelen refocilarse patrones de la industria, los jefes de Biolcati, un par de obispos amigos de Lilita –y a los muchachos les gusta que esa gente los vea, que sepa que siguen complotando, que los tema.

–No, en serio. ¿Y si nos equivocamos? Podría ser un desastre histórico.

Dice Tres, las ojeras cada vez más negras, la gran papada blanca. El mozo se viene demorando con las ostras, y Tres está pensando en comérselo crudo.

–Vos de histórico sólo tenés la edad, gordo. Hagamos lo que dice el jefe y el Macho nos tira una embajada a cada uno. ¿Vos qué querés? ¿París, Roma, Tegucigalpa? No sabés las minas que hay en Tegucigalpa. Y lo baratas.

Le contesta Dos. Dos anda por los cincuenta y se enchastra con gel las crenchas renegridas; sus compañeros sospechan que se tiñe y murmuran que es puto para no reconocer que lo envidian. Uno dice que no hay problema, que le tengan confianza. Uno tiene el pelo largo cano, prestancia de caudillo antiguo: por más Armani que se ponga siempre parece que llevara el viejo poncho de vicuña. "Pero es un cuadro", suelen decir Dos y Tres cuando alguien de afuera se ríe de su jefe, que ahora insiste:

–Me pregunto si ésa no era la idea desde el principio. Ustedes saben lo increíble que es el Macho cuando inventa.

–¿Vos decís que lo metió en ese brete a propósito?

Pregunta Tres, y Uno se explica:

–Y, capaz, pichón, era pura ganancia. Le armaron el paquete para que tuviera que desempatar, no viste cómo se asustó cuando le dijeron que había empate. Si votaba que sí, salía la 125. Si votaba que no, quedaba como un duque con la Rural, amigos y parientes y largaba para jefe de la oposición. Y terminó votando no positivo, el muy gonca, ni siquiera se atrevió a llamarlo por su nombre. Una beca, muchachos, una beca.

–Y, el Macho no da puntada sin hilo.

Dice Dos, que quiere ganar puntos.

–Sí, pero ahora está perdiendo gas, va a haber que reforzarlo.

Aclara Uno.

–¿Al Macho?

Pregunta Tres, que no soporta más la espera de las ostras.

–Si serás pelotudo.

Le contesta, cariñoso, Uno, y llama a un mozo para que les vuelva a llenar las copas de champán del Rin.

–No, boludazo: a Cobos.

Dice Dos, y Uno le hace seña de que hable más bajito. Dos se ríe; Uno vuelve a mirar su cigarrillo sin prender y les dice que la cosa no puede fallar: hay que darle manija, dice, hay que ponerlo bien arriba, afirmarlo como jefe de la oposición.

–Bueno, cada vez que el Macho o la Hembra lo putean sube varios puntos.

Insiste Tres, y Uno le sonríe: a este boludo hay que explicarle todo.

El mozo llega con las ostras: dos docenas y media, su pan negro, su manteca de pura vaca virgen. Tres se abalanza y traga; un hilito de baba salada delicada carísima le cae por la papada. Uno y Dos intentan sorber la spuzza a puerto como si les gustara.

–Por supuesto que sube, para eso lo hacen.

–¿Entonces vos decís que ahora la Hembra decidió no ir a China para tirarle el fardo? ¿No te parece que queda mal ella también?

–No, lo manda al frente a él. Y además así no va a salir con otro paquete de 20.000 millones. El problema con Cobos es que no alcanza con todos los favores que le hacemos. Para imponerlo hay que meterse en su campaña.

–Pero jefe, nos van a sacar carpiendo. Si llegamos a aparecer ahí todo se va al carajo.

Dice Dos, cara fruncida por la spuzza.

–Obvio, pichón. Por supuesto que nosotros no aparecemos en ninguna parte, pero tenemos que mover todo lo que se pueda: si esperamos que la hagan ellos vamos muertos. Ésos se presentan solos a las elecciones del consorcio y terminan segundos.

Dice Uno, y que lo primero será salir a comprar periodistas: que ahora, dice, con el miedo que les dio por la ley de medios, están más baratos que nunca. Y un par de dibujantes de encuestas, dice, y mandarles un par de publicitarios como la gente.

–Sí, qué fiaca. Va a haber que laburar en serio. Si hasta la rima los tira para atrás.

El mozo ve que Uno y Dos tienen problemas con las ostras y pregunta si puede retirar; Tres lo fulmina con sus ojos tajitos engrasados.

–¿Y qué les decimos a los publicitarios, que lo muevan por dónde?

Pregunta Dos, que ya no puede disimular el asco. Uno la lleva con más calma:

–Lo que tienen que subrayar es la serenidad: en medio de la famosa crispación, el tipo es calma. Un quía sin ambiciones, que llegó a ese lugar sin querer pero puso el pecho cuando fue necesario, una especie de héroe accidental. Uno sin nada muy especial, tipo Tinelli, sin muchas luces, tipo Susana: un sinsinsín. Eso va a andar, a la gente le gusta.

Tres termina la última ostra –se comió dos docenas– y el mozo pregunta si les trae los magrets con su salsa de mango. Uno mira a Dos, que alza los hombros. Tres se enjuga el morro con la servilleta refulgente y se atreve, por fin, a decirles que no entiende nada:

–Ustedes perdonen, che, yo trato, pero no lo entiendo. ¿Nos dimos vuelta, estamos laburando para el enemigo? Yo no digo que no, pero por lo menos avisen, che, consultenmé.

–¿Vos estás loco, gordo? ¿Cómo nos vamos a dar vuelta? ¿Y la embajada? No, querido, ésa es la gracia: lo ponemos a Cobos por las nubes, le damos manija durante todo el año, toda la derecha se le encolumna atrás, se transforma en su candidato indiscutible, y ahí vamos y lo soltamos.

–¿Lo qué?

–Lo soltamos. Bueno, es una forma de decir. El quía se suelta solo. Si está de candidato a presidente va a tener que salir a hablar, conferencias, actos, debates, y ahí se viene abajo

en diez días. ¿Ustedes lo escucharon?

Pregunta Uno, y Dos sigue participando:

–Sí, tiene algo que lo favorece: nunca mandó una idea. Lagente está cansada de esos que dicen que saben qué pensar.

–Eso es cierto. Pero en la campaña va a tener que largar alguna, y ahí revienta. La verdad. ¿Ustedes leyeron ese documento que sacó ahora, que dice que "la mejora de la calidad educativa requiere establecer prioridades: chicos en la escuela y maestros que enseñen en ella"? Ese tipo es un nabo, en cuanto se pare en el medio del escenario se deshace, queda un charquito. Y ahí aparece el Macho y arrasa con todo.

–¿Y por qué ponerle todas las fichas a él? ¿Los otros son más peligrosos, se nos podrían ir de las manos?

Pregunta Tres, que cada vez entiende menos.

–No, al contrario: los otros son más complicados de vender, están al horno. Macri con esto de gobernar ya se fue al bombo, Carrió se dedica a los patitos, Duhalde se presenta

en Jurassic Park y lo jubilan. Éste, en cambio, como no hace nada, viene zafando… Pero cuando llegue el momento nos lo comemos con palitos.

–¿A vos te parece?

–Sí, hermano, lo tenemos servido. Imaginate los spots: "Si buscás un traidor, este es tu hombre. Primero traicionó a los radicales, después a los peronistas, ¿querés ser el siguiente?". O lo sacamos chacoteando con De la Rúa, seguro que alguna juntos tienen. Y después otro: "Firmeza, decisión, una visión del mundo: se fue con unos y al año descubrió que prefería a los otros". Lo empezamos a llamar El Panqueque, vas a ver cómo prende. Y los últimos días vamos con el más fuerte, especial para los destituyentes: "El primero que lo eligió fue Kirchner. ¿Usted va a elegir igual que él?". Es perfecta, como le pega al Macho nadie va a imaginar que la hicimos nosotros.

Y de remate, para la zurda, podemos reflotar lo que le publicó Verbitsky cuando se les dio vuelta, eso de que andaba con la marina y con la iglesia.

Dice Uno, más y más entusiasta. Tres intenta aprobar –pero le cuesta. Por ahora, aprueba el malbec de Angélica Zapata y

prueba la puntita del magret. Se lo ve dudoso, preocupado.

Dos le pregunta qué le pasa y Tres se toma un tiempo, piensa cómo decirlo, masca el pato. Al final encuentra la manera:

–¿Ustedes de verdad creen que no lo va a votar nadie, así nomás, por traidor, por nabo, por inútil?

–Obvio, gordo, evidente.

–Muchachos, ¿no estaremos sobreestimando a nuestro pueblo tan querido? .

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