Los trigemelos suarenses --su caso es único en 16 millones de nacimientos-- celebraron ayer el primer año de vida junto a sus padres Eduardo y Alejandra, y su hermano León. * El festejo fue cálido e íntimo, y estuvo lleno de anécdotas que los Lang jamás soñaron vivir. ¿Y alguien pidió deseos? Sí, papá y mamá: contar con la casa propia. Lucía Rodríguez Coronel Suárez
Lejos quedó aquel primer mes que los niños pasaron en neonatología por haber nacido a los siete meses de gestación; hoy son tres pequeños llenos de vida, con una simpatía que enamora y una vitalidad que sorprende. A juzgar por sus caritas pícaras, en poco tiempo más estarán correteando por toda la casa.
"Cuando vinieron de neo estaban acostumbrados a tomar y a ser atendidos cada dos horas, pero cuando llegaron a casa tuvieron que adoptar otro ritmo. Hoy no es tan difícil cuidarlos; al menos, no lo es tanto como nos habían dicho", contó ayer la mamá de los niños, Alejandra Atui, mientras el padre, Eduardo Lang, los miraba atentamente junto al primer hijo de la pareja, León, de cuatro años.
En la cara se les nota el orgullo y la alegría por los progresos de sus cuatro hijos.
"El más grande de los gemelos, Franco, es el más pancho --dice Alejandra--, pero ya aprendió a gatear; es el más perseverante. El del medio, Alvaro, es el más revoltoso; mi madre lo apoda Moyano. Lucio es el más chico, el más asustadizo; también es el que la pasó peor en la panza, porque fue él quien rompió la bolsa".
Para ella, este primer año se pasó "volando".
"La naturaleza es muy sabia: hace que el cansancio de las primeras noches se olvide pronto", dice, con una sonrisa.
"Para mí, lo más difícil fue el tiempo que estuvieron en la neo. Es que eran muy chiquitos, y su hermano León tenía apenas tres años y medio", dijo Alejandra.
"Encima --agrega Eduardo-- uno de ellos nació con un ductus arterioso y otro con un soplo. Gracias a Dios ya están curados y esas dolencias desaparecieron".
"Cuando nos dijeron que eran tres no lo podía creer. Pensaba que iban a desaparecer, mi cabeza lo negaba, me parecía que no podía ser", cuenta la multimamá de 25 años, oriunda de Rosario.
"En realidad, estábamos tristes porque después de que el test me dio positivo empecé a tener muchas pérdidas. Claro, ¡mi útero se agrandaba a pasos agigantados!", contó.
Por tratarse de un embarazo de alto riesgo ella debió hacer reposo casi absoluto hasta el momento en que aparecieron las primeras contracciones y se dio paso a la cesárea.
León, el hermano más grande da vueltas a la mesa y hace preguntas constantemente. Quiere hacerse notar y para ello apela a toda su simpatía.
Alejandra lo mira, cómplice, y cuenta que este año pudo manejar "bastante bien" el problema de los celos.
"A veces León se excede un poco en los abrazos y los besos, pero sabe que los tiene que cuidar siempre. También es algo celoso cuando los demás se acercan a los bebés, pero es súper solidario: me ayuda en todo, con la comida, o cuidándolos cuando me baño", remarca.
Pensar a futuro no es algo que el matrimonio haga constantemente; ellos, aclaran, disfrutan el día a día.
"Al futuro me lo imagino con una casa propia y muchas nueras", dice Alejandra, entre risas.
¿Y un quinto hijo? Por ahora no está en los planes.
"Al momento de quedar embarazada de los gemelos estábamos buscando a la hermanita para León. Me habría gustado tener una nena, pero ahora, con cuatro hijos, ya no me quedan ganas de intentarlo una vez más", confía.
Eduardo agrega que el futuro va a ser complicado.
"En definitiva, son cuatro varones. No quiero ni pensar todo lo que van a comer, o las macanas que se van a mandar en la escuela...", remarca.
El día a día.
Eduardo es taxista y trabaja gran parte del día para llevar el sustento a su hogar.
"Me levanto a las 7, desayuno y lo llevo a León al jardín. Ale se queda con los gemelos, y hace todo en casa; yo los ayudo cuando vengo al mediodía", cuenta, y agrega que una rutina diaria "sagrada" es la de la siesta.
Alejandra dice que tener tres hijos chiquitos no es sencillo, pero tampoco una atadura, sino todo lo contrario.
"Quizá somos demasiado optimistas, pero no me siento atada. (Atenderlos) es algo que se da de manera natural", menciona.
La familia llegó a Coronel Suárez desde Neuquén, hace algún tiempo. Pese a la distancia, la gobernación de aquella provincia les envió no sólo pañales, sino también cunas, un cochecito triple, ropa y juguetes. Diversas fundaciones también han aportado lo suyo, pero la familia Lang sigue esperando un aporte del municipio suarense.
"Queremos dejar de pagar un alquiler --dice Eduardo--. El trabajo está, pero no podemos ahorrar; sin tener que pagar un alquiler, podríamos pagar las cuotas de un crédito y acceder a la casa propia".
Cuando los medios nacionales estuvieron en la ciudad cubriendo el caso Heit-Olivera, Alejandra renovó el reclamo acompañada por los trigemelos.
"Desde el municipio, lo único que hicieron fue respondernos por Facebook; el intendente (Ricardo Moccero) nunca accedió a nuestro pedido de audiencia. Nos dijeron que vayamos al Coprodesu, a buscar semillas, cosa que hicimos. Ahora tenemos nuestra huerta, pero en la quinta no crecen pañales ni ropa para los chicos", remarca Alejandra, y agrega que lo único que quieren es acceder a la vivienda propia.
El caso
Los trigemelos son el fruto de un embarazo monocorial; es decir, de la unión de un óvulo y un espermatozoide, que luego se dividió en tres embriones. De esta forma, hubo una sola placenta, pero tres bolsas. Otro aspecto curioso de este caso trigemelar es que se trató de varones.
Sillitas
Todo lo que necesitan los Lang, a partir del crecimiento de Lucio, Alvaro y Franco, se multiplica por tres. En este momento, la necesidad pasa por sillitas altas para comer. "Están en la etapa en que comen sólidos --dice Alejandra-- y sería más fácil tener sillitas para sentarlos a la mesa con el resto de la familia". Quienes puedan dar una mano a los Lang, pueden comunicarse al (02926) 154- 19282.

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