Todo por dos pesos

Por: Ricardo Roa

La presencia de los gendarmes acordonando las villas es como un símbolo de que hasta ahí llega el Estado. Detrás de esa frontera comienza otro espacio con leyes son las de la selva. Y donde hay que pagar para poder entrar. Y salir. Un peaje que les exigen a quienes van a trabajar y hasta a los que van a ayudar

Lo cobran chicos en general preadolescentes quemados por el paco. Que no se detienen ante nadie: antes sólo apretaban a los proveedores y comerciantes de la villa. Hoy no respetan ni a los maestros ni a los médicos. Hubo chicos que no llegaron a reconocer ni a su propia madre y le apuntaron para robarle.Son capaces de matar: para ellos la vida no vale nada. En la Villa 21 de Barracas hace una semana asesinaron a un repartidor de garrafas que había pagado la tasa para entrar y al que le exigían otra para poder irse. A una médica le pegaron una paliza feroz y unos días después, el que la golpeó fue a atenderse con ella. Ni él la reconoció ni ella lo denunció: así son las cosas. En Fuerte Apache, donde viven más de 30 mil personas, pagan peaje los propios vecinos para usar los ascensores. Todo por dos pesos.

Son historias de todos los días atravesadas por un mismo fenómeno: el Estado ausente. Hay un estado dentro del estado, con aduanas tácitas y violentas y otro sistema de autoridades y de sanciones. Nada casual es que cada vez menos maestros acepten dar clases allí. No es lo único pero si algo puede ayudar y contener a los chicos de la villa eso es la escuela.

Obvio, la demagogia y el discurso declamatorio no solucionan nada. Menos el clientelismo político, que lo único que hace es explotar y perpetuar el drama. Y así, a medida que el tiempo pasa el problema es más grande y difícil de resolver.

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