Todo por la misma plata por los mismos votos

Por Hernán de Goñi

Con un mundo que se encamina decididamente hacia la recesión, el principal desafío que tiene por delante la Argentina es tomar las decisiones necesarias para sostener la economía.

Con una crisis global tan fuerte, el impacto local ya se ha hecho sentir con fuerza en varios frentes: la demanda de nuestros productos exportables cayó (al igual que los precios pagados), lo que achicó el saldo comercial que nutre de reservas al BCRA y alimenta la caja fiscal; las fábricas acumulan un stock que no pueden vender y reducen sus dotaciones; con ingresos inciertos, más gente se vuelca a ahorrar en dólares y reduce la cantidad de pesos que sostienen el consumo interno; la menor actividad resiente la recaudación y complica aún más el financiamiento del Estado.

Estas son solo algunas de las consecuencias que se pueden mencionar. Los argentinos sabemos que en una crisis lor problemas se potencian unos a otros y la clave para enfrentarlos siempre es encontrar un punto de apoyo que reinicie el círculo virtuoso.

¿Cuál de todos estos problemas ataca la decisión de coparticipar 30% de las retenciones de soja? Ninguno. Lo que anunció el Gobierno es un mecanismo diferente para distribuir recursos ya existentes. Es cierto que la descentralización permite dinamizar la ejecución de obras chicas. Pero lo real es que el Gobierno sigue evitando darle una respuesta de fondo al campo, el único sector con capacidad ociosa para hacer crecer la torta de recursos en el corto plazo, porque el mundo puede necesitar menos autos, pero no menos alimentos.

Los Kirchner creen que con esta medida se están sacando de encima el conflicto rural. Lo que sí es seguro es que no tendrán sus votos en junio.

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