Todo lo que las listas dirán... y ocultarán

Por Carlos Pagni

El común de los mortales votará el 28 de junio. Pero los dirigentes lo harán el 9 de mayo. Ese día se conocerán los nombres de los candidatos. Empezará a delinearse, entonces, la carta astral de la vida pública para los próximos dos años. Se podrá desentrañar, por ejemplo, el grado de obediencia que Néstor Kirchner inspira en la corporación peronista. Serán datos provisionales, claro, hasta que se abran las urnas. Pero otros actores del poder, como el sindicalismo y el empresariado, comenzarán a tomar posición frente al Gobierno no bien se conozca la oferta política en el mercado electoral.

Con lo que ya se sabe de las listas se puede advertir que los Kirchner están en recesión en una Argentina que se aleja de las posiciones populistas. La oferta está superpoblada por gente que en algún momento le dijo que no al mandamás de una etapa histórica que se cierra. ¿En qué se parecen, si no, Julio Cobos (que apadrina en Mendoza a Ernesto Sanz y a Laura Montero), Carlos Reutemann, Luis Juez, Eduardo Mondino, Alfonso Prat-Gay o Felipe Solá?

Desde Olivos responden a esta adversidad con distintas estrategias. En Córdoba, por ejemplo, a Kirchner le interesa mucho más la derrota de Mondino, candidato de Schiaretti y De la Sota, que la de Juez. Por eso postulará como senador a Eduardo Acastello.

En Santa Fe, en cambio, el Gobierno buscará hasta último momento un acuerdo con Reutemann. Kirchner aspira a que el senador acote sus disidencias a la política agropecuaria y a la obviedad de "resistir cualquier ataque a los intereses de la provincia". El plan de Olivos, confiado a Julio De Vido y a Juan Carlos Mazzón, es pactar con Reutemann el nombre de los candidatos a diputado. Si el PJ de Santa Fe siguiera tributando al oficialismo en la Cámara baja, la peripecia de Agustín Rossi se volvería anecdótica: ¿qué importa si se presenta con una lista propia o si la canjea por un cargo en el Ejecutivo? Estos dilemas deben estar resueltos antes del 9. Pase lo que pase, a Rossi le será muy difícil permanecer al frente del bloque. José María Díaz Bancalari se frota las manos. ¿O el jefe de la bancada será el esposo de la Presidenta? Nadie aclaró todavía si también su candidatura es sólo testimonial.

De todos modos, el gran banco de pruebas del oficialismo es la provincia de Buenos Aires. Kirchner se sabe un factor de derrota y usará al PJ como un gigantesco aparato ortopédico para mantenerse en pie. El 9 de mayo se sabrá qué aceptación tuvo entre los dirigentes el engendro testimonial. Sobre todo en el caso de los exitosos intendentes de La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca, donde Cristina Kirchner ya había perdido en 2007. También quedará claro si los caudillejos del PJ oficial armaron listas en complicidad con Francisco de Narváez. A Kirchner lo desvela ese dato.

En la oferta bonaerense se podrán leer, además, los cambios en el equipo de la señora de Kirchner. En la Casa Rosada y en La Plata, aseguran que Sergio Massa será candidato a diputado y que habrá otro jefe de Gabinete. En todo caso, Massa aprovecharía el testimonialismo para volver a Tigre. ¿Quién iría en su reemplazo? ¿Florencio Randazzo, Ricardo Echegaray? Las respuestas son tan previsibles que las preguntas pierden interés. Ayer se resolvió otro acertijo, cuando Daniel Scioli confirmó la candidatura de Nacha Guevara (seudónimo de Clotilde Acosta).

Es mucho más relevante saber qué participación le dará Kirchner a la CGT. Eso puede determinar la solidaridad del sindicalismo con el Gobierno para después del 28 de junio. La reunión con la Presidenta fue un fracaso para Hugo Moyano, quien, quizá por primera vez en su vida de dirigente, salió de una negociación con las manos vacías. La Presidenta le dijo que no al seguro de desempleo con el argumento de que si fuera creado "comenzarían los despidos en masa". Además, relativizó el problema al decir que "este año, por ejemplo, se van a vender más autos y habrá, en ese sector, más puestos de trabajo". El representante de Smata, que venía de negociar una expulsión de más de 300 operarios, no quiso corregirla.

Apichonado, Moyano puso delante de la Presidenta un papel con la frase "mínimo no imponible". Al leerlo, ella se enojó: "¿Cómo me pedís esto si te lo di en agosto?". Agregó una aclaración inusual: "Tenemos que ser cuidadosos porque la recaudación está bajando". Cristina Kirchner cree que para ganarse el apoyo de la CGT basta con insinuar un complot. "A mí me quieren sacar de acá, pero después irán por ustedes", vaticinó.

La mansedumbre de Moyano está inquietando a sus colegas. "Es otro Scioli", comentó el titular de un gremio de servicios. Los recursos que el camionero consigue del Gobierno ya no alcanzan para que los sindicalistas se expliquen su sometimiento. Por eso, ya hay quienes suponen que estaría atormentado por alguna causa judicial. Por ejemplo, la que le reabrieron por razones tributarias a su antiguo álter ego, el colectivero Juan Manuel Palacios.

Presionado por sus pares, Moyano se comprometió a conseguir una reunión con Kirchner. Quiere que antes del acto que organizó para el jueves le aseguren los cargos en las listas. También espera que le revelen el destino de Graciela Ocaña: lo intriga no verla entre los candidatos. De estas negociaciones y de un eventual aumento en las asignaciones familiares, depende lo que diga Moyano desde el palco.

La mirada empresaria

Los empresarios estarán muy atentos a ese discurso. Quieren saber de qué lado estará el jefe de la CGT después del 28 de junio, si se profundiza la crisis. Tienen, además, una preocupación precisa: con la incautación de los fondos previsionales muchas compañías privadas se convirtieron en mixtas. Por eso, se reactivó el Grupo de los 7, con la dirigencia agropecuaria en su seno. En las empresas lograron que el avance del Gobierno sobre los directorios no superara el 5% que fijó la ley. En Techint consiguieron que le designaran a Aldo Ferrer. En el Banco Macro ingresó el contador de De Vido, pese a Juan Carlos Mazzón. En las energéticas, los directores fueron nombrados por los sindicatos en acuerdo con De Vido, quien colocó también a un amigo en el Hipotecario. Se ve que el kirchnerismo no está pensando en irse. Aunque, por las dudas, captura posiciones antes de junio.

Son cada vez menos los hombres de negocios que fantasean con un Kirchner amigable, que negocie el regreso al FMI y una devaluación. La mayoría teme que un triunfo, por ajustado que sea, radicalice su tendencia al avasallamiento. Algunos esperan una señal en el discurso que pronunciará mañana en San Nicolás, sede central de Techint. Mientras tanto, desde Héctor Méndez (UIA) hasta Enrique Wagner (Cámara de la Construcción), los empresarios volvieron a predicar un credo que no se les escuchaba desde el estallido de la convertibilidad: "Debe respetarse la iniciativa privada". De Vido convocó al otrora dócil Méndez para moderar su disidencia. Habría sido en vano. Con un firmamento político poblado por Reutemann, Macri, Scioli, Cobos o Prat-Gay, también los empresarios intuyen que la Argentina, aún a pesar de Kirchner, camina hacia el centro.

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