Todo lo que había detrás de dos arbolitos

La sesión del Concejo giró alrededor del mínimo tema que el Gobierno no alcanza a sacar de la agenda pública: los árboles en Parque Mitre. La impericia y la mala suerte, problemas adicionales. Alem dio una demostración de poder equivalente al extravío del Ejecutivo. Urge cerrar el tema de los eucaliptos y pasar a otra cosa. El radicalismo tironea a "Chango", por varios lados.
Antes de empezar, hagamos lo que no recomienda la canción: mirar atrás. Hace una semana, la postura de esta columna era la misma que ahora. La pregunta central alrededor del increíblemente largo dilema del Parque Mitre es "¿cómo diablos se pudo armar tanto lío por dos eucaliptos?".

Reivindiquemos esa pregunta porque en ese momento fue exacta, junto a la explicación: se armó tanto lío porque el Gobierno decidió ver allí una metáfora propia, la del camino estancado. Pero ahora, siete días después, corresponde otra pregunta: "¿cómo diablos no consiguió desactivarla y, al contrario, la amplificó?".

Esta ya es más misteriosa y al contrario de la anterior tiene que ver más con los cuadros de gestión del eseverrismo, tanto los que tiene en sus filas como aquellos que se le han escindido y se le oponen, de modo provisorio o definitivo.

Volvamos a una sentencia que también es de la semana pasada, pero sigue vigente: si un análisis político habla dos veces seguidas de la suerte de dos plantas en Parque Mitre, algo anda mal. En la Ciudad o en el análisis político, ya que todo es posible.

Puede que esta columna esté escasa de temas, es cierto. Pero por las dudas, repensemos el mismo interrogante: ¿cómo el tema, incluso fastidiando a muchos ya, sigue en medio de la agenda pública y merece la visita y la adhesión del cineasta argentino de mayor compromiso social en los contenidos de sus películas, ahora devenido en dirigente político?

Ensayemos una propuesta. Sería la siguiente: el conflicto dura tanto porque los actores puestos a sacarlo de la escena no son eficaces y los que están dispuestos a sostenerlo, aprovecharlo o resolverlo a su favor sí lo son.

Repasemos la semana. Ni bien arrancó, el lunes pasado, un grupo de adultos entre los que se encontraba un profesional, tres padres de jóvenes y cinco chicos, fueron al Municipio a pedirle una charla al intendente José Eseverri.

Era una oportunidad de marcar el tono de la relación con el grupo de protesta pero, al mismo tiempo, era una nueva oferta de diálogo. Estaba claro que el grupo tenía una escasa capacidad de explicación técnica y de desarrollo político: no había entre ellos ningún dirigente de la oposición, con lo cual también estaba dada la posibilidad de dialogar directamente con los "no políticos" (algo curioso, si se tiene en cuenta que el Intendente se mueve como pez en el agua entre la dirigencia de todos los niveles).

Pues bien, en lugar de atenderlos Eseverri, la encargada de representar a la Municipalidad en la reunión fue Carolina Szelagowski, la secretaria de Asuntos Legales que forma parte del ala de los halcones del eseverrismo, una especie de dama de hierro.

Szelagowski es, aún ante la mirada de quienes no forman parte del Gobierno, un claro producto de la era Helios Eseverri: técnicamente muy dotada en el derecho, no tiene capacidad de diálogo político. Tal vez sea la primera fuente de consulta en derecho administrativo. Pero es la última funcionaria que debe ponerse en una mesa de persuasión o de consenso con alguien que tiene intereses contrapuestos: en ese escenario, la funcionaria o bien aplasta legalmente al rival con su alta capacidad técnica o bien fracasa por desconocimiento de la política, sin nada en el medio.

Esto, que puede parecer una opinión o una teoría abstracta, tiene un correlato concreto en el caso de los eucaliptos. El jueves en que las máquinas no pudieron tirar las plantas porque el joven Francisco Labosca Faure se paró en la línea de caída, Szelagowski había tomado las riendas del Municipio en ausencia de José Eseverri, y era quien le reclamaba a las cuadrillas que procedieran.

Ante la imposibilidad por la presencia del chico, la funcionaria fue la que reclamó en persona, y con la orden del juez en la mano, la intervención de la Policía para reprimir a los jóvenes y a los adultos. Se llegó a hablar de Infantería en el terreno.

Fue un traspié notable, oculto hasta hoy. Policías que estaban en el operativo (y que transpiraban ante la posibilidad de que sus jefes les ordenaran detener gente) saben que la última respuesta de la jefatura local fue clarísima: "si Usted señora viene con nosotros y pone la cara, nosotros reprimimos", le dijeron. Szelagowski no quiso ir.

Cuatro días después, aún golpeada por ese revés, la funcionaria fue la encargada de "dialogar" con la comitiva "anti-tala". El resultado era obvio: un encuentro tenso, con pibes ansiosos y padres angustiados de un lado y una funcionaria técnica muy nerviosa del otro, sin ninguna instancia de intercambio ni de negociación real.

Pocas cosas pudieron hacerse para dejarle a Julio "Chango" Alem el escenario tan dispuesto. Tiene suerte Alem. Tiene la misma suerte que le falta al oficialismo en cuestiones claves: el jueves ni siquiera tuvo que sentarse a redactar una ordenanza, ni nada. Simplemente tomó la del oficialismo, la modificó con rapidez, se movió entre el público, le dio la razón a los "anti-tala" y cobró los beneficios que el eseverrismo venía drenando desde que se armó el grupo en Facebook para defender los dos eucaliptos.

Conviene aquí reparar en la movida de Alem. "Chango" viene haciendo su propia campaña para Intendente sin tener la certeza total de que podrá candidatearse por el cobismo, pero la frecuencia de los encuentros que anima se aceleró. Pensaba en dos reuniones por semana: ahora le proponen dos por día.

Unos días antes, había mostrado que está formando equipo. Se reúne y toca gente, habla incluso con cuadros del Ejecutivo, algunos le dicen que lo apoyarán, otros quieren trabajar con él, unos cuantos piden reserva.

En el radicalismo tiene las puertas abiertas para un grupo. Ni Rubén "Bebe" Lanceta, ni Carlos Acosta, ni Pedro "Perico" Capuano se opondrán al retorno de Alem en la medida en que sea funcional a sus intereses.

Pero Alem, ni nadie, saben si Ernesto "Gato" Cladera y los suyos volverán al comité. La rivalidad con Lanceta sigue siendo muy fuerte pero la carrada de votos de Cladera contra los apenas 3.500 sufragios de la lista de la UCR muestran que "Gato" tuvo más votos que el sello rojo y blanco.

El caso, de todos modos, es sencillo: con internas cerradas para elegir candidato a Intendente, Alem no entra al comité. Con abiertas y simultáneas, sí.

Como sea, está en otra parte, en otro partido. Pero los militantes "anti-tala" que el jueves estaban al lado de Alem y de María Irene Blanco, cuando ambos hablaban de la ordenanza, no podía creer lo que escuchaban: "(Blanco) le dijo a Alem que no podía ser que no se reunieran más, que así no se podía", escucharon varios, como si el presidente del HCD todavía formara parte del mismo bloque.

Demos una vuelta más de tuerca al asunto: ¿y si la demostración de fuerza de Alem del jueves, condicionando al eseverrismo él solo, es una señal a José Eseverri de lo que puede pasarle en un Concejo en minoría si lo sacan de la Presidencia del cuerpo?

Digamos, ¿y si Alem en lugar de haberse alejado aún más de un Ejecutivo que lo expulsó en realidad está volviendo para recuperar por la fuerza el lugar que no le dieron por consenso? A ver: ¿y si ante los desatinos de los funcionarios en las últimas semanas decidió colocarse él como gerente de facto de un oficialismo a la deriva, incluso para ayudarlo a sortear la complicada coyuntura?

Es una especulación, tal vez. Pero vea, lector, qué potencial tenían dos arbolitos como radiografía política acelerada del presente y futuro inmediato de toda la gestión local.

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