Todavía pesa la agenda de las vanidades

Por Hernán de Goñi

En las últimas horas, el país real volvió a ser un actor secundario. La reunión entre la presidenta Cristina Kirchner y el gobernador Daniel Scioli, cargada de expectativas por el interés de ambos protagonistas, terminó como un acto al que el Gobierno trató de quitarle el mayor brillo posible.

Al matrimonio presidencial le molestó el posicionamiento político que se ganó el invitado en las últimas jornadas, pese a que había sido habilitado para ello. El rol de Scioli como restaurador del peronismo había sido forzado por el propio Néstor Kirchner con su renuncia a la jefatura partidaria. Y su acercamiento al sector agropecuario no solo no había merecido veto alguno desde la Casa Rosada, sino que el fin de semana había habido contactos entre funcionarios nacionales y de la provincia para revisar tanto la situación fiscal del distrito como la del campo, su principal fuerza productiva.

Los problemas del campo tienen la misma gravedad que hace una semana o un mes, pero recién ayer Aníbal Fernández tuvo una orden directa para citar a sus representantes, a los que necesitan para darle vida al diálogo social. A un año del fin de la crisis con el agro, todavía no se ha conseguido discutir qué se necesita. Seguimos en la etapa de ver quién maneja la mesa

Comentá la nota