Todavía faltan certezas para Chihuido I

El gobierno de Sapag ha enfrentado muchas dificultades, pero la decisión central continúa siendo de los Kirchner. Algunos detalles someros de una cuestión que no pasa por soplar y hacer botellas.
El gobierno de Jorge Sapag se ha enfrentado con muchas dificultades en el proceso para la construcción de la represa Chihuido I. Tantas como otros gobiernos han tenido anteriormente, y por la misma causa central: es muy difícil conseguir el aporte financiero concreto (no declamado, sino concreto) del Estado nacional. Esté quien esté a cargo del gobierno del país.

Aun en este fin de año, en el que el gobierno neuquino hizo un anuncio que fue interpretado por algunos como una virtual adjudicación, aunque dista mucho de serlo, el ingeniero Elías Alberto Sapag, a cargo de la conducción del proceso técnico-político para llegar a la concreción del complejo de represas sobre el río Neuquén, no ha asegurado, ni puede hacerlo, una fecha para el inicio de obras.

Lo que hizo el gobierno de Neuquén fue dar una señal: la aplicación de un método de evaluación, que permitiría en teoría al menos despejar sospechas, para elegir la mejor oferta. Este método, que no ha sido revelado tal vez por sus complejos laberintos técnicos, dejó en claro que la UTE encabezada por la empresa Electroingeniería SA es la que está primera para una eventual preadjudicación; pero que antes debe "mejorar su oferta" en un plazo no mayor a los dos meses. Es decir, últimos días de febrero o primeros días de marzo de 2010.

Mejorar la oferta implica cuestiones técnicas de la obra, y también razones de financiamiento, que se estima serán superadas porque la evaluación que ha hecho Sapag es que los más de 700 millones de dólares que aportarían capitales brasileños son seguros.

En este plazo de dos meses, el gobierno neuquino (y también la UTE) necesita saber con certeza (es decir, papeles firmados) que el Estado nacional aportará la diferencia entre lo que hay de financiamiento privado y lo que se estima costará finalmente la obra. Este no es un detalle menor, sino determinante, porque de hecho la UTE empresaria no avanzará antes de tener ese dato seguro. Además, al gobierno neuquino le interesa saber de tiempos de aplicación concreta del financiamiento: no es lo mismo que el Estado aporte al final de la obra que al principio, por ejemplo.

Todo esto está a su vez relacionado con un proyecto mayor, y caro a los "sentimientos" de los Kirchner: el complejo hidroeléctrico Condor Cliff-La Barrancosa, cuyo proceso licitatorio fue anunciado hace unos días para febrero de 2010. Es una represa mucho más cara y de mayor generación que la neuquina, y estaba trabada entre otras cosas porque nadie veía garantías de que el proceso de selección de las empresas se hiciera con idoneidad técnica suficiente como para no sospechar un negociado. Esta traba a su vez impedía que el gobierno nacional avanzara con Chihuido.

Sapag estima –así se lo hizo saber a este diario- que a partir del gesto protagonizado en la semana que pasó, es decir, la selección de prioridad para el grupo encabezado por Electroingeniería SA, será positivo porque el gobierno nacional tomaría el método utilizado para aplicarlo en Condor Cliff.

Destrabado Condor Cliff, quedaría destrabado Chihuido I. Aun así, el Estado deberá comprometer una cantidad de millones de pesos en garantías, avales y demás cuestiones, y hacer todo este proceso con una gran transparencia en momentos políticos difíciles para una gestión como las de los K, ya que tendrá al Congreso Nacional mirando con una lupa todas estas grandes obras, que son muy justificables por la necesidad (que es seria y concreta), pero que no justificarán las sospechas que rodean a las grandes licitaciones en Argentina.

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