Todas las pinturas de un naufragio

Por Joaquín Morales Solá

Zurda loca. IV Internacional. ¿Desde hacía cuánto tiempo que no se oía esa terminología en la discusión política? Tres décadas, por lo menos. El kirchnerismo tiene del don de convertir la realidad en una noria, en la que todo lo que se ha ido debe volver fatalmente.

Aníbal Fernández desafió con que no los echarán del poder, como si fueran las vísperas de diciembre de 2001. ¿Quién amenazó con echarlos? Nadie. Entre tanto dramatismo, una nueva Mesa de Enlace opositora (¿también destituyente?) fue integrada por Susana Giménez, Mirtha Legrand y Marcelo Tinelli. El Gobierno les respondió con desplantes, ofensas y aprietes. Como si fuera en serio. La desestabilización es teatro en estado puro.

Otras conspiraciones son peores. Juan Belén es un metalúrgico de cabo a rabo y autor de aquellas referencias recientes a la "zurda loca" y a la "IV Internacional", una reunión de 1938 de seguidores de Marx, Lenín y Trotsky, inspirada sobre todo por las ideas de este último. Ambas referencias fueron frecuentes entre los líderes metalúrgicos de los años 60 y 70, cuando se enfrentaron a tiro limpio con los grupos guerrilleros de aquella época.

La contradicción actual es que Belén es un importante dirigente de la CGT de Hugo Moyano, aliada de los Kirchner, y sus misiles estaban dirigidos a la CTA, la otra central obrera también cercana al matrimonio presidencial. Con semejante petardeo verbal, con Moyano y sus camioneros en el medio y con Luis D´Elía dispuesto como siempre a esparcir violencia, ¿qué otra alternativa le quedó a Cristina Kirchner que no fuera levantar el acto cegetista convocado para respaldarla? Con respaldos como esos, siempre resultará más amable caer en las trampas del enemigo.

Nadie sabe si Belén fue espontáneo o no, pero lo cierto es que nadie maquinó tanto como él para que Cristina Kirchner se quedara sin el acto moyanista. También es veraz que una franja importante del oficialismo (que no incluye a Néstor Kirchner) comenzó a precaverse de Moyano, que como todo líder sindical peronista es un barril sin fondo acumulando poder. Las páginas políticas de los diarios de los últimos días sólo hablaron de los Kirchner y de Moyano. Estaban en igualdad de condiciones. El resto de la política oficial retrocedía.

Pero resulta que nadie avanza a esa velocidad sin chocar con una reacción. Moyano la tuvo. Fueron los partidos y grupos piqueteros de ultraizquierda los que anunciaron que saldrían a la calle para competir por el control del espacio público. Y los "gordos" sindicales lo dejaron solo. Moyano y D´Elía son veneno puro cuando se trata de seducir a los sectores medios, sean éstos urbanos o rurales. El jefe piquetero oficialista es detestado, además, por la propia corporación política peronista, sobre todo por los dirigentes gremiales históricos y por los barones del conurbano.

Ya es hora de preguntarse si los Kirchner tienen la intención, entre sus desordenados proyectos, de volver a conquistar a una mayoría de la sociedad argentina. Imposible aspiración, si existiera, de la mano de Moyano y D´Elía.

Todas esas pinturas del naufragio figuran en el manual de la decadencia de cualquier gobierno peronista. La política retrocede y los gremialistas avanzan abriéndose paso entre las fragilidades de la administración. Aníbal Fernández acusó a Julio Cobos y a Elisa Carrió de la desestabilización del Gobierno un día antes de que el líder del sindicato de los pilotos, Jorge Pérez Tamayo, parara sorpresivamente 50 vuelos de cabotaje de la empresa LAN. El Aeroparque fue escenario de un festival anti-kirchnerista protagonizado por los pasajeros que no viajaron.

¿Formaban parte ese paro y su ordalía de la presunta conspiración? Cristina Kirchner suele exigir que Pérez Tamayo pilotee los aviones de Aerolíneas Argentinas que la trasladan al exterior. Los referentes políticos de Pérez Tamayo son Néstor Kirchner y el propio Moyano. ¿Qué culpa tenían entonces Carrió y Cobos de esos fracasos? No se sabe. Aníbal Fernández es un periodista frustrado: dijo públicamente que habla en " off " y en " on " con sus desconocidos informantes.

Guillermo Moreno lo eyectó al ex titular de la Comisión Nacional de Valores, Eduardo Hecker, porque no le servía para desestabilizar a Papel Prensa, la principal empresa argentina productora de papel para diarios. Hecker guarda el misterioso silencio de las personas que han sufrido serias amenazas. Hasta aquí, las únicas desestabilizaciones comprobadas son las que promueve el propio Gobierno.

Papel Prensa no tiene conflictos laborales ni económicos, y sus transacciones son transparentes porque cotiza en la Bolsa. Pero la Comisión de Valores la perseguirá implacablemente bajo la dirección de Moreno. El Gobierno está buscando la intervención de Papel Prensa en su ofensiva constante contra los medios periodísticos, culpables primordiales, según Cristina Kirchner, de exhibir problemas que no existen. No hay problemas. ¿Qué mira la sociedad entonces cuando mira el cotidiano caos?

Un gobierno en declinación construye, en efecto, un gremialismo insaciable. Al mismo tiempo, comienza, sin quererlo en este caso, a ordenar a los opositores en condiciones de reemplazarlo. ¿Qué han hecho los radicales si no prepararse para un eventual turno propio luego de que haya concluido el kirchnerismo? Un bloque de 44 diputados nacionales enlazó el jueves a todas las vertientes del radicalismo: históricos, resistentes, cobistas y radicales K. Era, en la práctica, la reunificación del partido más antiguo del país luego de las muchas fisuras de los últimos años.

Oscar Aguad fue confirmado como líder del bloque y el senador Ernesto Sanz será el presidente del radicalismo a partir de diciembre. Sanz y Aguad figuran entre los mejores dirigentes que ha dado la política en los últimos años. Sanz está en condiciones de representar a todos los sectores del radicalismo y no es cierto, como se ha dicho, que Aguad sea un hombre de Cobos. Cobos y Aguad se han visto tres o cuatro veces en sus vidas. Ricardo Alfonsín hizo su contribución a la unidad partidaria: Jamás seré el motivo de una división del radicalismo , dijo.

Sanz promovió que la oposición se uniera en Diputados para arrebatarle la presidencia al kirchnerismo. El argumento que dio es que está cansado de que el Gobierno maltrate a la oposición, que sancione leyes fundamentales con la fugaz mayoría que tiene, que haga lo que se le ocurre con las comisiones actuales y que hasta integre comisiones bicamerales con una relación de fuerzas que durará menos de un mes.

Tiene razón. El kirchnerismo es así. Pero no dijo otra cosa que también forma parte de la verdad: la oposición necesita enviarle a la sociedad un mensaje de que algo cambió desde la derrota del oficialismo en junio. El kirchnerismo perdió, pero la derrota no aparece. La política percibe esa evidente impaciencia social.

Sea como fuere, la iniciativa de encumbrar a la presidencia de Diputados a un legislador opositor chocó con algunos reparos, insalvables por ahora. Es posible que el socialismo no acompañe esa decisión. Carrió ya saltó en contra de la propuesta: Soy la más opositora al Gobierno, pero no soy golpista , dijo. Otros radicales dudan, cavilan y se resisten.

Sin todos ellos, la oposición no llegará al número necesario para elegir un presidente propio en Diputados. Una tradición indica que las presidencias de las cámaras legislativas las retiene siempre el Gobierno, pero no existe ningún reglamento escrito. El peronismo borró esa tradición en 2001; colocó a los presidentes del Senado y de Diputados cuando le ganó a Fernando de la Rúa la elección legislativa de mitad de mandato.

Las cosas sólo se parecen a otras ruinas por el coherente esfuerzo del kirchnerismo. Pero la historia no se repite, sobre todo cuando nunca se ha ido.

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