Toda la verdad sobre el macrismo-leninismo

Por Alejandro Rozitchner Filósofo

El origen del macrismo-leninismo es incierto. Más de uno se adjudica la autoría de la ocurrencia, nacida con ánimo festivo y no como categoría angular de un proyecto estratégico. Porque el macrismo leninismo es una especie de chiste, no una corriente interna. A no ser que un chiste pueda representar también una posición política, cosa que pensándolo bien parece probable, ¿acaso el humor no dice mucho, incluso más que la seriedad cuando ésta es convencional e impostada?

Para sentirle gracia a la cosa hay que haber oído innumerables veces la combinación original, ‘marxista leninista’, dicha y sentida como lo era en la época del dogma, la ilusión y el control revolucionario. Con respeto, con idolatría, llenándose la boca con nombres peligrosos, pronunciados como si fueran claves de un mundo secreto, con veneración y piadosamente. Había otros: Gramsci, Althusser, Trotski, Lukacs, etc. El chiste está en juntar una de las piezas de ese ambiente teórico sacro revolucionario con otra pieza, que suena parecida pero representa algo distinto y remite a un juego mucho más limitado y a nuestro juicio, valioso. ¿Limitado pero más valioso? Exactamente. Una de las premisas básicas del macrismo leninismo podría ser esa: para más, menos. O hablando con mayor claridad: quererlo todo no conduce a nada, querer algo genera mucho.

Y el trasfondo del chiste está en que entre los partidarios de Mauricio Macri, o entre los miembros del PRO, hay muchas personas que tienen un origen izquierdista, es decir, que tuvieron algún tipo de militancia marxista leninista en el pasado, y que ahora se toman con humor la evolución de su camino político. ¿Izquierdistas en el PRO? Sí, ex izquierdistas, unos cuantos. Ex izquierdistas, de esos que se alejaron de la izquierda porque la sintieron más volcada a los pronunciamientos que a la construcción de realidades, de esos que se cansaron de un planteo que insiste en ver escenarios de confrontación aun cuando resulte posible superarlos mediante estrategias de crecimiento acordado. Ex izquierdistas que vieron que detrás de una postura muy preocupada por los que menos tienen suele esconderse un proyecto de poder mezquino y tan totalitario como el de sus enemigos fascistas. Ex izquierdistas que se dieron cuenta que la izquierda era una especie de fascismo ella misma, severa, cerrada, prepotente, patotera, violenta, incapaz de entender las realidades básicas de la vida, que se cansaron de la gran incapacidad para tratar con los problemas reales de la que hacen gala los movimientos ‘populares’. Personas que creen en la maduración de la sociedad, en que hay caminos más eficaces para conseguir eliminar o al menos reducir drásticamente la pobreza, atendiendo sobre todo a quienes más alejados están de una vida con niveles aceptables de salud, educación, alimentación y seguridad.

El izquierdista evolucionado, el macrista leninista, cree que por medio del trabajo social basado en la gestión se obtienen mejores resultados que por la vía ideológica que la izquierda se emperra en no abandonar nunca, prefiriendo pelearse con fantasmas antes de hacer cosas útiles.

A los que quieren aprovechar ese campo de posibilidad la izquierda siempre los llamó ‘reformistas‘, como si fuera una mala palabra. Los macristas leninistas somos reformistas, pensamos que la sociedad mejora a través de pequeños pasos concretos producidos con esfuerzo y con trabajo, con humor y con creatividad, con alianzas y con planificación. Somos, como se decía antes, ‘revisionistas’. No creemos en la caída del capitalismo como solución a todos los males de este mundo. Creemos que lo más parecido a lo que la revolución buscaba se consigue más fácil y directamente por la vía de un movimiento político democrático, amplio, serio y volcado a la gestión. Por un movimiento que los marxistas leninistas llamarían burgués pero nosotros consideramos humanista y abierto, basado en las ganas de vivir y de hacer. No creemos que haya un trasfondo maligno, una constante digitación de realidades por parte del ‘poder’, creemos en una responsabilidad colectiva y que es nuestra incapacidad nacional la que hace los desastres que suelen adjudicarse a enemigos perfectos.

Por eso podríamos decir, si estuviésemos interesados en superar la idea del macrismo leninismo como un chiste, que la izquierda más propiamente izquierda es la que ya no acepta permanecer en los estrechos límites de la lucha ideológica y los planteos extremos, que sabe dar pasos para cambiar y reformularse, y que quiere llegar a producir mejores realidades nacionales, para superar esos problemas que a los argentinos parecen planteársenos como viciosos círculos neuróticos. El macrista leninista quiere eliminar la pobreza, no idolatrarla ni darle un contenido espiritual. La izquierda más izquierda, hoy, es el macrismo leninismo, un chiste de personas con ganas de hacer, que aceptan incluso juntarse con los que trabajan en otros movimientos.

Todo esto es un juego, pero a la vez es cierto. Y no está mal que un pensamiento serio incluya el humor, porque la inteligencia siempre se caracterizó por la presencia de la gracia y el juego. ¿Quieren una prueba de la existencia de este movimiento? Mauricio y Lombardi dieron una vez un reportaje en el que dijeron ser del PC. ¿Partido Comunista? No, Partido de lo Concreto. ¡Hasta la victoria siempre!

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