Dos tiros para la Justicia

Por: Ricardo Roa

Roman Polanski es un cineasta transgresor y genial. Pero también carga con una condena por abusar de una chica de 13 años cuando tenía 43. Fue hace más de tres décadas en Estados Unidos. Además se fugó para no ir a la cárcel. Una cosa no lava las otras, al menos para la justicia norteamericana que reclama por él a Suiza, donde está detenido desde el sábado. Polanski primero se declaró inocente y luego asumió su culpa ante el juez. Pasó 47 días preso y cuando estaba en libertad condicional huyó a Francia, que no tiene tratado de extradición con los norteamericanos. En todo este larguísimo tiempo el proceso siguió vivo. La chica lo perdonó públicamente pero insistió en que fue violada.

Quizá por ser quien es, por su historia trágica y por haber sido él y su familia perseguidos por el régimen nazi, su caso ha despertado la solidaridad de buena parte del mundo de la cultura. El mismo gobierno de Sarkozy rechaza la extradición: "hay un EE.UU. generoso que nos gusta y otro que da miedo y acaba de mostrar su rostro", dijo el ministro Mitterrand (El arresto del cineasta Roman Polanski enfrenta a Francia, Suiza y EE.UU). Para los franceses, Polanski es una víctima del puritanismo conservador norteamericano. Y a la vez prisionero de un conflicto ajeno a su delito: el que Washington mantiene con Suiza para perforar el secreto bancario. La extradición sería también como una moneda de cambio. Hay una pregunta de sentido común: ¿armaría Francia tanto revuelo por una persona cualquiera? La fama no da impunidad. Tampoco el poder. Aquí, una jueza de faltas hizo un escándalo porque la grúa se llevó su auto mal estacionado. Pretendió que no le apliquen las sanciones que ella impone a otros. Ahora podrían enjuiciarla (Analizan sanciones a la jueza que maltrató a dos guardias)

Muchas veces la ley no es pareja para todos. Pero otras, aunque tarde, llega.

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