Tirar la toalla

Es obvio que el armador naval Federico Contessi es una persona que despierta adhesiones en Mar del Plata. Por caso, las expresadas por la dirigencia política local el día que se lo declaró "ciudadano ilustre" en el recinto del Concejo Deliberante. Sin embargo, muy distinta parece ser la opinión de Eduardo Pezzati, que busca borrar del puerto al astillero que lleva el nombre de su fundador.
El Concejo Deliberante de General Pueyrredon declaró al empresario naval Federico Contessi ciudadano ilustre de Mar del Plata, en un acto que contó con la presencia del intendente municipal, Gustavo Pulti. Sucedió en 2008, y el autor de la iniciativa había sido el edil Ricardo Alonso, que estuvo acompañado por el titular del Concejo, Marcelo Artime. "Si uno no conociera el cariño y respeto de quienes trabajan con él, podría cometer el error de llamarlo un empresario exitoso. Y eso sería limitado", reconoció Artime. "En la Argentina, ser un empresario exitoso no incluye atributos que sí tiene Federico, como su esfuerzo, la voluntad y perseverancia, la sensibilidad y compañerismo" arriesgó, cuando parecía que sabía de lo que estaba hablando.

Pero no todas son rosas. El puerto marplatense en realidad agoniza sepultado en arena, mientras los funcionarios a cargo aún no han podido poner en marcha un dragado eficiente y oportuno. Eduardo Pezzati, el presidente actual del consorcio, se ocupaba de casi expulsar al mismo Contessi de sus negocios, mientras en el recinto se lo elogiaba. ¿Cómo fue posible? Nadie entiende del todo.

Contessi ha visto pasar toda clase de funcionarios en los largos años que ha desempeñado la titularidad de su empresa, y poco debe sorprenderlo a esta altura. Por eso, según refleja en la carta que él mismo dirige a Pezzati, su primera estrategia fue abrir la mesa de diálogo, un diálogo que él confiaba llevaría a establecer puntos de acuerdo y conseguir los mejores resultados para todos.

Esa fue su primera desilusión: el consorcio interrumpió unilateralmente ese dialogo y le respondió con una resolución tomada, la 196/08. Contessi relata que consiguió reunirse con Pezzati después de llamarlo durante diez días seguidos, y que entonces el estado de cosas de orden técnico incluía un intercambio de resoluciones y recursos que las enfrentaban. Todas las herramientas con que contaba el empresario estaban siendo destruidas, toda vez que lo que solicitaba ni siquiera era considerado por el funcionario.

Y Contessi quería un trato igualitario respecto de los demás empresarios, es decir pagar por metro cuadrado de uso de suelo una cifra al menos cercana a la que pagarían los demás. Hubo una reunión en la cual se buscó un consenso: faltaba el acuerdo de Pezzati, que jamás volvió a dar señales de vida. Era junio de 2008.

Para nadie

La queja de Contessi recuerda en mucho la de otros empresarios que se sienten burlados por falsos intentos de negociación de parte de funcionarios: la única opción que les presenta el diálogo es la de aceptar o retirarse con las consecuencias previsibles. Contessi sólo puede aceptar pagar más que los demás, o resignarse a que se le expropien edificios e instalaciones que le pertenecen por contratos preexistentes.

El empresario fundamenta que el puerto de Mar del Plata tiene la tarifa más cara de la provincia para el uso del suelo, y que paradójicamente el canon de uso del puerto para los buques es irrisoriamente bajo. Pero el reclamo va más allá: en esta especie de batalla personal en que se ha convertido el enfrentamiento entre las autoridades del consorcio y Contessi, se pretende cobrarle facturas de cosas jamás entregadas, o hacer que sea él quien pague por el uso del puerto de buques que no son de su propiedad, ya que los construyó y los vendió. Todo el mundo sabe que tiene un astillero, pero el consorcio no acepta considerarlo una industria.

El empresario ni siquiera tiene un contrato vigente, y no ha podido renovarlo porque no acepta a sobre cerrado las condiciones que se le imponen, como por ejemplo el no considerar el estado en que el predio se recibió, las obras y mejoras realizadas, o la directa inversión entre el canon a pagar y la cifra invertida en la instalación.

"Pareciera que también debo resignarme a que se burlen de mi sentido común con la redacción de vuestros dictámenes. Reconozco que soy sólo un trabajador, pero no creo merecer que me intenten engañar como a un niño. Por eso no puedo permitir que se diga que otros permisionarios tiene tarifas iguales o mayores, cuando la realidad es que no pagan absolutamente nada por miles de los metros cuadrados que usan (muelle 7 y espejo de agua lindero) o que gozan de descuentos extraordinarios sobre las tarifas que les correspondían (South Group, Astillero Mar del Plata, etc.)".

¿No pagan nada? Es lo que denuncia Contessi en su carta a Eduardo Pezzati.

El empresario relata que en todas y cada una de las reuniones con los funcionarios, ellos no han podido rebatir los argumentos expuestos. Pero que se niegan a transparentar la información, porque de esa manera ocultan cualquier irregularidad. Deberían mostrar públicamente lo que paga cada permisionario y los metros cuadrados que están ocupando en la actualidad. Pero ni siquiera han hecho públicas las actas y resoluciones del directorio a través de Internet.

El puerto está desquiciado, no es la queja de Contessi sino la voz de muchos empresarios de la ciudad que están siendo perjudicados por un funcionamiento deficiente. Cabrales ha desistido de usar este puerto para la importación de café, después de que había depositado muchas expectativas en la operación.

"Perdimos toda confianza en el puerto local", fue una frase atribuida a Marcos Cabrales cuando se interrumpió el normal desenvolvimiento de la logística de su empresa. El conflicto en el puerto marplatense lo obligó a insistir en la utilización de camiones como medio de transporte para recibir su materia prima. "En adelante operaremos únicamente por la vía terrestre. Hoy nuevamente estamos trayendo el café por esta vía", aseguró el contador Álvarez, responsable de comercio exterior de la firma.

Testimonial

Como se recuerda, cuando Eduardo Pezzati acababa de ganar la concejalía, el puerto estaba viviendo una jornada más que complicada: dos buques encallaron sucesivamente en la embocadura que se había vuelto innavegable. Se trataba del buque potero Taipei Marú, de más de 50 metros de largo, que encalló en el acceso mismo, y momentos después fue un barco de la flota Solimeno el que corrió la misma suerte.

Para peor, Pezzati tiene un pie afuera de la zona, ya que en diciembre se trasladaría al Concejo Deliberante, y se prepara para dejar sus oficinas. Se ha dicho que el intendente Pulti espera que se haga cargo de la presidencia en reemplazo de Artime, pero que el funcionario tiene muchas ganas de quedarse en la presidencia del consorcio. Si así fuera, se trataría de una verdadera candidatura testimonial.

A criterio de Florencia Garrido, gerenta de la Cámara de Industria Naval de Mar del Plata, el consorcio portuario esta acéfalo desde que su presidente comenzó a ocuparse de la tareas de campaña, y abandonó por completo las preocupaciones por el sector. "De más está decir que me siento muy mal tratado. Estoy seguro de que sabrá explicarle a otros (tal como ha hecho con la ministra Giorgi) que nada de lo que digo es cierto", dice Contessi en su sentida carta, "que sólo soy un permisionario rebelde que no quiere pagar lo que otros ya pagan. Pero usted sabe que eso no es cierto, que nunca luché por un peso más o un peso menos".

Sin duda Pezzati y su gestión no deben ser el primer palo en la rueda para este empresario de setenta y siete años. No deben sorprenderlo demasiadas cosas. Sin embargo, el presidente del consorcio puede ostentar un mérito: es quien está a punto de hacerle tirar la toalla.

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