Tintes mafiosos tras el homicidio de un abogado penalista

El cuerpo estaba maniatado, amordazado y tenía un billete de un dólar en la boca. Poco antes del asesinato había recogido una suma importante de dinero. Se presume que poco después del mediodía ya estaba en manos de los homicidas.
El billete de un dólar en la boca. Las manos atadas. Siete impactos de bala. El Peugeot 307 abandonado con el cadáver en el asiento trasero. Casquillos de las balas tirados en el piso del auto. Los dólares y euros que desaparecieron. Y el hecho de que el abogado haya caído en manos de una persona que conocía de antemano. Todo apunta a creer que detrás del homicidio hubo una actitud mafiosa premeditada, que buscaba dar un mensaje claro del porqué del crimen para alguien en especial. Esa pregunta, precisamente, desvela a quienes mejor conocían a Marcos Alonso. ¿Por qué lo mataron, cuando se presume que estaba determinado a devolver una suma vinculada con una de las causas que tenía?

La semana anterior el carácter extrovertido de este abogado de 43 años cambió radicalmente. Llamó la atención, porque modificó sus hábitos, aunque nadie imaginó lo que ocurriría. Y en ese cambio de conducta se estima que fue clave algo que pasó el viernes en el horario en que trabajaba en su estudio. Ese día hubo una amenaza hacia el letrado, confirmada por su entorno, en la que le reclamaban una cantidad de dinero importante. Alonso no tenía deudas, pero el planteo se relacionaría con honorarios que habría cobrado en una causa.

Para evitar inconvenientes, en las horas que pasaron desde el viernes hasta el lunes se presume que el abogado reunió todo el dinero y que lo llevaba con él cuando lo mataron. Esa violencia que se advierte en el cuerpo de la víctima también constituye un indicio de que tras el crimen hubo homicidas con códigos mafiosos.

Si bien nadie se atreve a decirlo abiertamente, todos coinciden en que se debe vincular el reclamo del dinero y el asesinato para determinar las razones por las que lo mataron. Y ese camino se origina el lunes por la mañana cuando el abogado fue a la Subdelegación Departamental de Investigaciones (SubDDI). A las 11.19 se comunicó con una persona de su confianza, le dijo que estaba en la dependencia policial y le prometió que enseguida iba para el estudio, donde esperaba un cliente.

A las 11.45 esa misma persona de su entorno le envió un mensaje de texto a su teléfono celular, pero no lo contestó. A las 12.15 el cliente que esperaba se fue del estudio y Alonso no había llegado.

Minutos después de las 14 hubo una comunicación telefónica entre el abogado y su esposa, donde él aclaró que estaba todavía en la Subdelegación Departamental de Investigaciones, pero se presume que a esa altura ya estaría en manos de los homicidas porque el personal policial interrogado aseguró que se marchó de allí antes del mediodía.

Pasadas las 18 la esposa de Alonso no controlaba su preocupación por la falta de noticias y al no lograr comunicarse empezó a llamar a familiares y amigos. En su entorno se presumía lo peor, a juzgar por la gravedad de la situación y el conocimiento que se tenía de las amenazas que había recibido.

Las primeras averiguaciones que la esposa, su socio y los amigos del abogado hicieron en las clínicas y el Hospital no llevaron a nada y abonaron incluso las peores presunciones. Por eso a las ocho de la noche se presentó la denuncia en la comisaría Segunda.

Rápidamente se iniciaron rastrillajes y se pidió a los móviles que extremaran la atención para tratar de localizar el Peugeot 307, pero hasta las dos de la madrugada no habría novedades. Habían pasado diez horas desde que el vehículo fue abandonado en Chiclana entre Del Valle y Pelegrino.

Ahora, a partir de la última comunicación telefónica que mantuvo con su mujer, minutos más tarde de las 14, se estima que entre esa hora y las 16 fue asesinado. El punto clave es que el abogado alegó estar en "la Brigada", como se denominaba anteriormente a la SubDDI, cuando en realidad no se encontraba en ese lugar.

Al revisar el Peugeot 307 con vidrios polarizados no se encontró el dinero que debería haber estado en su poder, así como tampoco se había localizado anoche su computadora personal, una notebook que llevaba a todos lados y con la trabajaba incluso en su estudio.

Mientras tanto, ya en la misma madrugada del martes, una cantidad llamativa de policías preanunciaba en el lugar donde apareció el auto la repercusión que tomaría horas más tarde el asesinato. La fiscal Susana Alonso, el jefe de la Policía Distrital inspector Juan Carlos Ortúzar y los titulares de casi todas las dependencias policiales locales llegaron hasta allí. Y esperaron a los expertos de la Científica de Azul, quienes se llevarían el cuerpo para hacer la autopsia que indicaría que lo balearon con una pistola calibre 22. Ahora fuentes vinculadas con la investigación confiaron que estas pericias serían claves para arrojar luz sobre el caso, aún cuando todo indicaría que será muy difícil de aclarar.

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