Tiki tiki al Mundial

Bolatti entró por Higuaín y definió con la clase de un goleador de categoría: le quedó un rebote y la puso contra un palo con un toquecito.
Hay vueltas que da la vida, coyunturas en las que muchas veces la gente queda atrapada y no sabe bien cómo ni por qué. Cuando Bolatti entró a la cancha por Gonzalo Higuaín estaba claro que lo hacía para ocupar una posición en la cancha diferente a la de su compañero reemplazado, cercana a la tenencia de la pelota, al control del juego a más de 30 metros del arco uruguayo y a menos de un cuarto de hora del final del partido en el que el empate ponía a la Selección en el Mundial de Sudáfrica, sin escalas centroamericanas. Sin embargo, lo que nadie, ni siquiera el propio Marito en sus más optimistas fantasías podía llegar a imaginar era que el cambio resultaría casi posicional, al menos desde la efectividad. Si Pipita, como delantero de área, no pudo meter un gol en 80 minutos, ahí estuvo el hombre de Huracán, el abanderado del tiki tiki en un equipo que jugó a aguantar, para encontrar un rebote y poner la cara interna de su botín derecho, con la clase propia de un crack, con la maestría que más de un 9 envidiaría.

"Tuve suerte, fue la primera pelota que toqué", dijo Bolatti. Y, sí, literalmente la tocó, la acarició dejando a contrapierna y sin reacción al arquero uruguayo, quien miró en primer plano cómo todos se apiñaron sobre el cordobés de La Para, este gringo hijo de José y Martha, quien hacía su estreno en las Eliminatorias en un seleccionado en el que había debutado hacía dos meses y un par de días. Fue en aquel amistoso en Moscú, en el que se vio su juego pulido y fino aunque con los nervios propios de la primera vez, en la que empezó a ganarse el lugar que hoy ocupa. "Soy consciente de que hay grandísimos jugadores en mi posición", le había dicho a Olé en la previa de aquel partido, en la que con un dejo de vergüenza se abrazaba a la camiseta de la Selección aunque sin animarse, todavía, a ponérsela. Pero, a resultados vista, le calza tan bien como cuando se pone semanalmente la del Globo. "Fue el gol más importante de mi carrera", contó con la habitual euforia medida, habitual en él, que lo lleva a soñar con el Mundial sin apurarse; la que lo llevó a decir "no quiero sobrecargar mi cabeza pensando en Sudáfrica".

Hoy después de ayer ese sueño, legitimado en ilusión, tiene muchas chances de concretarse, de hacerse realidad. Difícilmente el gol que le puso el sello a la clasificación al Mundial pase al olvido y posiblemente sea más que tenido en cuenta al momento de la citación definitiva. Sí, es cierto que faltan muchos meses y bastante agua recorrerá los puentes, el de Bolatti y el de otros, pero también es verdad que hay marcas a fuego que son imborrables. Esta es una de ellas y hoy Bolatti es más que ayer, y si su gran rendimiento en el Huracán de Cappa lo llevó a ser considerado, su presencia, breve pero productiva, lo acercó a Sudáfrica. Como en sus mejores sueños.

montevideo (enviado).

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