Tigre ganó y le cortó a Colón la chance de acechar al líder

Tigre ganó y le cortó a Colón la chance de acechar al líder
Los goles del local los marcó Luna, uno de penal. Fuertes descontó: fue su gol número 99 en Colón.
Era una noche para recibirse de candidato. Se trataba de una posibilidad de ésas en las que un equipo salta para un lado o para otro de la cornisa. Lo sabía Colón, este Colón revelación: ganar le permitía convertirse en uno más de los ases en el poker de candidatos (junto a Lanús, Vélez y Huracán). Pero el equipo de Antonio Mohamed no jugó de acuerdo con los alcances de esa posibilidad: fue a Victoria a ver qué podía pasar y se encontró con un desencanto. Tigre, sin brillar, le ganó y lo dejó a mitad de camino entre sus dos peleas: la del título y la de la Sudamericana.

Tuvo un valor agregado este éxito para Tigre: rompió una racha de siete encuentros sin triunfos (con cuatro empates y tres derrotas). Y no sólo eso: ahora su pretensión de acceder por primera vez a un torneo internacional (la Copa Sudamericana 2009) está más cerca.

Tigre fue el que quiso forzar el partido, el que buscó, el que procuró ser audaz. De algún modo, el equipo de Diego Cagna persiguió un objetivo relevante: parecerse al equipo del Apertura, ése que estuvo a un gol de obtener el primer título en la historia del Matador en la máxima categoría.

Intentó a partir de la tenencia de la pelota. Con un Diego Castaño otra vez líder; con el aporte de dos volantes por afuera con ciertas características ofensivas (Sebastián Rosano y Sebastián Rusculleda) y un enganche con facilidades para llegar al gol (Néstor Ayala). Fue más en términos de la posesión de la pelota y en cuanto a capacidad de desequilibrio. Tanto que lo convirtió a Diego Pozo en el mejor de Colón. Lo tuvo para ganar incluso antes de llegar al gol. Pero no supo definirlo. Y a los 26 minutos, Rusculleda tiró un centro, apareció Carlos Luna, puso la cabeza y marcó su gol 14 en la temporada.

Tampoco después de ese grito despertó el equipo de Santa Fe. Le costó llegar hasta el área local. Es más: en el primer tiempo, salvo el tiro de Alfredo Ramírez, que pegó en el palo, Colón no tuvo llegadas que comprometieran la comodidad del arquero Daniel Islas.

Lo del segundo tiempo ofreció variantes. No le quedaba otra a Mohamed y los suyos. Intentó con modificaciones nominales: ingresó Facundo Sánchez en el lugar de un inexpresivo Matías Oyola, en el entretiempo. No fue mucho lo que se modificó. Se dividió un poco más la posesión del balón, se adelantó algunos metros la defensa visitante. Pero no mucho más.

Colón no supo y no pudo manejar el partido. Aunque pudo haber igualado el encuentro. A los 21 minutos, Tigre necesitó de una doble atajada de Islas ante Prediger para evitar que su rival le empatara. Pero no hubo mucho más que eso de parte del equipo visitante, el presunto candidato al título. No tuvo juego asociado, no fue ambicioso (excepto por necesidad ante la derrota parcial) y volvió a mostrar su versión inhibida, ésa que suele exhibir cada vez que sale del Cementerio de los Elefantes.

Para colmo, en diez minutos, Tigre lo liquidó: Colón se quedó con diez (a los 28, por expulsión de Alejandro Capurro) y se encontró con un penal en contra (a los 38, infracción a Luna y conversión del delantero). Lo que siguió fueron siete minutos en los que sólo hubo lugar para el descontrol de un par de hinchas de Colón (uno ingresó al campo de juego y obligó a detener el partido durante cinco minutos), para el descuentro de Esteban Fuertes --su gol 99 en Colón-- y para la fiesta de Tigre.

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