Tigre cumple: gana y sigue alimentando su gran sueño

Martín Morel volvió a ser decisivo: marcó un gol de penal y otro con un cabezazo. El Tomba hizo poquito.

Por: Gustavo Yarroch

Tigre va. Tigre no se rinde. Tigre sabe que la ausencia de nombres rutilantes se compensa con esa personalidad de equipo al que nadie se lleva por delante y con el presente dorado de Martin Morel, su as de espadas. Anoche, en Victoria, otros dos goles del volante ofensivo le permitieron recuperarse de la caída ante Argentinos y del empate con sabor a derrota frente a Colón. Para seguir soñando y para avisarle al resto que está listo para seguir dando pelea hasta el final.

Lo claro es que Tigre ayer fue contundente adelante y seguro atrás. Y entonces ganó. Pareció aprender qué hacer y qué no, respecto del partido de la semana pasada ante Colón en Santa Fe, cuando había sido mucho más que su rival pero terminó empatando y dejando de lado la punta para empezar a correr de atrás a San Lorenzo y a Boca.

El Tigre de Diego Cagna cambió ayer lucidez por efectividad. E hizo negocio. No fue tan brillante en su juego y su dominio como ante Colón, pero lastimó dónde y cuándo debía. Y al final se quedó con los tres puntos. Porque debía ganar. Y como ganó, festejó. Aprovechó el campeonato de Morel --es una fija que los equipos protagonistas deben tener sí o sí a un jugador diferente y que sobresalga del resto, y en Tigre ese futbolista es claramente Morel-- y sus dos goles sellaron todo en el primer tiempo porque fue el equipo que, en un partido de poco vuelo técnico, es cierto, al menos siempre intentó ser protagonista por más que le faltó juego asociado y precisión.

Y como enfrente encima estuvo un tímido Godoy Cruz, que tiene buenas intenciones, que es prolijo con la pelota, que arma todo con paciencia, pero que no tiene pimienta, todo se simplificó. Porque los mendocinos se acercan hasta el área del rival, pero no generan peligro. Se quedan en intenciones y eso se potencia mucho más ante rivales como Tigre, que se cierran bien en el fondo para salir de contraataque en cuando logran obtener una ventaja en el marcador.

Ante ese escenario, Tigre estableció diferencias en las únicas dos jugadas en las que Tigre consiguió precisión en la primera etapa. En la primera, a los 12 minutos, Matías Giménez encaró hacia el área entre Nicolás Olmedo y Gabriel Vallés, y entre los dos lo bajaron casi tontamente. Morel se encargó de patear el penal y la pelota entró casi pidiendo permiso porque el remate fue bien suave ante la estirada del arquero Nelson Ibáñez que casi lo tapa. Y en la segunda, el uruguayo Sebastián Rosano metió un centro bárbaro que le cayó justo a Morel, quien hizo todo el movimiento del cabeceador perfecto para dejar la chapa 2 a 0.

Obviamente, en el segundo tiempo, y sin que los mendocinos salieran demasiado porque evidentemente no tenían armas para hacerlo, Tigre encontró espacios. Y la mayor parte de esa segunda parte estuvo más cerca de marcar el tercer gol que Godoy Cruz de descontar.

Ahí tuvo veinte minutos de gran vuelo Tigre. Y ahí terminó de cerrar el partido por más que no convirtió. Tigre se soltó. Morel fue, ademas de contundente, vistoso y se despachó con lujos varios. Y después sí Tigre dejó pasar el tiempo para que a Godoy Cruz lo dominara su impotencia. Lo malo fue que Leandro Lazzaro se perdió uno y varios goles entrando en un ya entendible fastidio por no poder convertir cuando su equipo era tan dominador de las situaciones ante un rival muy livianito que sólo ofrecía algún arrebato de Víctor Figueroa, quien insólitamente fue reemplazado promediando el primer tiempo.

Ganó Tigre. Y va. Y sueña. Y tiene con qué. Ya no es revelación. Y ya lo saben todos...

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