TIGRE 1 - BANFIELD 0El equipo de todos

Tigre es el campeón de la humildad y el esfuerzo. Lo que le falta de luces le sobra de inteligencia y practicidad. Así les da pelea a los poderosos y conmueve al resto
El sueño de Tigre debería ser el sueño de todos. Sería el triunfo de la humildad, del trabajo, del esfuerzo de los que menos tienen. El fútbol, inevitable reflejo de la sociedad, permite ese paralelismo con la vida misma. Porque Tigre es un laburante al que siempre le costó llegar a fin de mes y que hoy, gracias a tanto sacrificio, puede brindar con champagne. Sin estridencias, sin exageraciones, sin gritos, sin internas, sin peleas, sin las pesadas cadenas del marketing, con futbolistas que podrían pasar inadvertidos en el tren, con tanto coraje como inconsciencia de la buena... Así, el equipo de Cagna se acomodó en el mismo sillón de los poderosos y sueña por todos.

Terrenales como son, sus jugadores sintieron la presión. Un día les iba a caer la ficha. Atados, excedidos en paciencia, repetidos, tensos. De esa manera recorrieron gran parte de esta final con Banfield. Castaño, eje y autor intelectual de los avances, se sintió incómodo ante la insistente presencia de Bertolo, puesto a jugar de enganche recuperador. Sin el primer pase asegurado (a Morel o a los volantes externos), Tigre cayó rápidamente en la tentación del pelotazo para los delanteros. Y eso no hizo más que cerrarles los caminos a Lucchetti. Sin embargo, mérito del entrenador, descubrió oro en el barro. Porque a través de un pelotazo largo, de Islas, llegó el gol soñador. Luna la bajó, Altobelli la mató con el pecho y lo habilitó a Morel, quien lejos de cerrar los ojos y matar, los abrió y definió suave, con categoría. Ese grito de desahogo descomprimió a los de adentro y a los de afuera, que latían al ritmo de las radios.

Le faltará brillo a Tigre, pero le sobran recursos. Pelota parada (Morel por poco no clava dos tiro libres), juego aéreo defensivo (no perdió nunca) y ofensivo (Luna casi la mete de pique al suelo), elasticidad táctica (primer tiempo con enganche, después Morel más cerca de Castaño, en una especie de doble cinco). Y eso lo destaca aún más frente a rivales débiles. Banfield no estuvo a la altura, ni siquiera en ese final inquietante, en el que Islas se lució ante un derechazo del uruguayo Fernández. No pareció el de Burruchaga un equipo incentivado. Más allá de que Lucchetti fue a cabecear un córner, a Banfield no le fue la vida en este partido. Sus hinchas lo notaron...

Algo más relajado con la ventaja, Tigre se dejó ver. Un arquero de equipo grande, orden defensivo, velocidad y dinámica por afuera, criterio por todos lados. Y mucho sudor. Así llegó hasta acá. Así terminará, con o sin la corona. La imagen del final conmueve. No es vuelta olímpica, todavía no. El aplauso también eriza la piel. Es el reconocimiento para un grupo de hombres que hace soñar a otros tantos miles. Es el sueño del equipo de todos.

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