Tigre y Argentinos, a tono con un presente muy oscuro presente

El partido fue muy flojo, con escasas llegadas y numerosos errores. Peñalba y Luna, los goles.
La lógica, en fútbol, es inevitable cuando se cruzan dos equipos que desnudan limitaciones. ¿Qué otro partido se pudo imaginar? Si Tigre no es, si Argentinos queda lejos del que fue. Un juego opaco con escala en ordinario y ráfagas de riesgo en las áreas como consecuencia del empuje. No más que eso. Entonces, la igualdad se quedó ahí, tiesa, camino al final. De una vez.

En los intérpretes, Tigre debiera ser aquel equipo que supo quedar en la puerta de un título. A un gol de la gloria, en la definición del Apertura frente a Boca. Sin embargo, la imagen es borrosa, gris. Su juego colectivo no luce, sus protagonistas no pesan lo que antes. La línea queda, entonces, sin destino. La seguridad de Daniel Islas -eslabón clave en la cadena de ese Tigre sólido- también queda expuesta en medio de tanta confusión. Porque un mal pase de Jonathan Blanco -se la tiró para atrás y obligó a dominar en dos tiempos- forzó el error del arquero, que la paró con el pecho, le pifió con la derecha y se la dejó en bandeja a Gabriel Peñalba. El zurdo se acomodó y la cambió de palo para el 1 a 0.

El control y panorama para jugar que suele tener Diego Castaño, el olfato que siempre supone la presencia de Leandro Lazzaro, la solidez en la defensa sea con tres o cuatro en el fondo, nada de eso tiene -o al menos evidencia- este conjunto de Diego Cagna. El contraste con lo que supo ser es lo que más preocupa del presente, al margen de su última posición en la tabla. La sensación es que el ciclo -el más extenso de los entrenadores que dirige en Primera- empieza a transitar la última curva...

Sin un juego capaz de arrinconar a Argentinos, el local encontró una manera de lastimar. Y, desde la zurda de Sebastián Rusculleda llegó el centro picante que Carlos Luna cambió por gol con un preciso cabezazo sobre la marca de Derlis Cardozo. Desde entonces, empujó con más ambición que fútbol y dos veces Rusculleda y un remate de Castaño pudieron poner en ventaja a Tigre. Con eso le alcanzó al conjunto de Cagna para hacer algún mérito, al menos, para llevarse el partido.

Sin embargo, no hubo continuidad en esa apuesta. Porque se quedó sin nafta en el segundo tiempo y no dio casi nunca con la cabeza de Luna -el faro para encender una ilusión de triunfo-. Así, Argentinos, que en la parte final se acomodó un poco más en la mitad de la cancha, se cruzó dos veces con la chance de gol. Un remate de Peñalba y una pelota detenida que quedó picando en el área chica y nadie supo tocar a la red.

En fútbol el resultado queda siempre abierto. Pero Tigre y Argentinos, siendo lógicos, quedaron en empate. Sin luces, con sombras, con un pasado que a esta altura es pura melancolía. ¿Qué otro partido se pudo imaginar?

Comentá la nota