Tigre se acordó de ganar y agravó la crisis de Racing

Tigre se acordó de ganar y agravó la crisis de Racing
Los jugadores de Racing salieron insultados. El equipo sigue sin ganar y está en Promoción.
Dónde va Racing? El cachetazo, la goleada 4 a 1 de Tigre, lo manda a la zona de Promoción. Inevitablemente. Lo ubica en un escenario inquietante, con esos hinchas que descargan insultos contra sus jugadores. Que no encuentran respuestas en un equipo de Ricardo Caruso Lombardi que acusa impotencia, limitaciones, fragilidad. Racing es eso, no es más. ¿Le queda algo? Entonces, el equipo de Diego Cagna ensaya aquel sueño del aspirante al título que supo jugar el triangular contra Boca y San Lorenzo. Ese que estuvo a un gol de ser campeón. Si bien no regala ilusiones desde un juego luminoso, es práctico, utilitario, inteligente. Con eso le alcanza, con eso le sobra.

La asociación de Matías Giménez y Néstor Ayala sobre la izquierda. El toque de primera, y esa falta de oficio para el puesto de Gabriel Mercado sobre el lateral derecho, encendieron los carteles para el equipo de Cagna. Con ese ataque señalizado, sumado a los errores defensivos de Racing, se hizo sencillo tomar atajos para llegar hasta la casa de Pablo Migliore. En la primera intención de gol, el local se anotó en la red. Un córner desde la izquierda, la pelota pasada, el esfuerzo de Leandro Lazzaro para meterla en el área chica y el cabezazo de Ayala, que le ganó en el salto a Adrián Lucero. Desde esa ventaja, Tigre empezó a exponer su idea en velocidad. Con el libreto en mano de Diego Castaño, con la rapidez para tocar el balón, para darle circulación. Apenas con eso. O con todo eso, ante un Racing lleno de limitaciones técnicas.

En la disposición de los futbolistas dentro del campo se pueden encontrar razones para entender a este Racing. Porque Franco Sosa juega de cinco, porque quien tal vez sea el central más adecuado juega de lateral, porque los que lo hacen en el centro de la defensa muestran fragilidad. Pero, también, se deben encontrar argumentos en lo que pueden dar estos jugadores desde su capacidad. ¿Tiene a alguien capaz de una gambeta, de un pase entre líneas? No. Entonces, todo es pelotazo para que la aguante un fulano. Y al equipo le cuesta, definitivamente, jugar con la pelota. Porque no la tiene, porque no la aguanta. Quizás, la paradoja en esta historia sea esa función de Sosa, que terminó siendo el más punzante. Un gol de tiro libre -innecesaria falta de Ayala a Pablo Lugüercio, floja respuesta de Daniel Islas- y un remate desde afuera -el repetido recurso de Racing- luego de un buen anticipo a Giménez que pegó en el travesaño y picó en la línea. Ni el azar le jugó a favor. Ni eso.

El segundo gol de Tigre es, tal vez, la imagen para leer el partido. Carlos Luna se anticipa a la marca y pone la pelota precisa para la corrida de Rodolfo Arruabarrena, quien ingresa al área y encuentra la pierna de Matías Martínez. Un pecado de juventud frente a la experiencia del lateral. El penal, y el gol. ¿Qué hizo Racing para ir por el empate? Lo de siempre, sin una idea definida. Sin elaboración, sin creatividad. Es un equipo en el que todos corren, se entregan, pero nadie frena la pelota para pensar. Y si en el fútbol no se piensa, difícilmente se gane. Por eso, ese cabezazo de Caballero que atajó Islas, ese remate de Lucero que pasó al lado del palo, fue poco. Casi nada.

Con Tigre a la espera de un contragolpe, Racing fue. Se le animó, aunque sin luces. Y en un error de Mercado en mitad de cancha, Martín Morel -apenas ingresado- la abrió para la aventura de Lazzaro, que superó con facilidad la inútil corrida de Leandro González y la puso en la cabeza de Giménez para el tercero. Ese gol, el del sello del triunfo de Tigre. Le cambió el ánimo al público de Racing. Entonces, volvieron a escena las canciones, los temas más escuchados por Avellaneda en estos tiempos. Y luego el cuarto, el de Lazzaro. Y la bronca. Y la imagen de un equipo a la deriva, sin rumbo, en Promoción, con el descenso directo bien cerca, parado en la otra esquina de la casa. ¿Dónde va Racing?

Comentá la nota