"En Tierra Santa hay lugar para todos"

Durante una misa al aire libre, el Pontífice llamó a decir "basta a la violencia" y hacer de Jerusalén una "ciudad universal"
JERUSALEN (De una enviada especial).- Presionado desde todos lados para que tenga expresiones categóricas (por los judíos, que quieren que pida disculpas por el genocidio nazi; por los palestinos cristianos, que buscan que denuncie la ocupación israelí, y por los musulmanes, que pretenden que se disculpe por sus dichos de Ratisbona), el Papa sorprendió ayer en su primera misa al aire libre.

Lo hizo al usar, por primera vez, tonos muy fuertes para decir basta a la "discriminación, la violencia y la injusticia" que reinan en Jerusalén, que, para el Pontífice, debe convertirse en una ciudad universal, de la paz. "En Tierra Santa hay lugar para todos", clamó.

"No debería haber lugar entre estos muros para la cerrazón, la discriminación, la violencia y la injusticia. Los creyentes en un Dios de misericordia -llámense judíos, cristianos o musulmanes- deben ser los primeros en promover esta cultura de la reconciliación y de la paz, por más lento que pueda ser el proceso y difícil el peso de los recuerdos pasados", dijo Benedicto XVI ante unos 2000 fieles que se congregaron para una misa (oficiada en árabe y latín) en el valle de Josaphat, frente a la Basílica del Getsemaní y el Huerto de los Olivos, fuera de los muros de la Ciudad Vieja.

"Quisiera aludir directamente a la trágica realidad, que no puede jamás cesar de ser fuente de preocupación para todos aquellos que aman esta ciudad y esta tierra, de la partida de tan numerosos miembros de la comunidad cristiana en los años recientes", señaló el Papa.

Habló así, por primera vez en términos explícitos, sobre el éxodo de miles de cristianos debido al conflicto entre palestinos e israelíes.

Benedicto XVI, que fue vivado por la gente cuando llegó en el papamóvil, habló también de las "dificultades, las frustraciones, la pena y el sufrimiento" que muchos han padecido a lo largo de décadas de enfrentamientos.

Mencionó, además, las "amargas experiencias de desplazamiento que muchas familias han conocido y -que Dios no lo permita- pueden todavía conocer". Con esta frase, no sólo pareció aludir a los refugiados palestinos, sino a los miles de habitantes de Jerusalén oriental que en los últimos años perdieron sus hogares porque fueron obligados a dejarlos o porque las viviendas fueron expropiadas.

En una homilía que no cayó nada bien en Israel, que considera a Jerusalén la capital única e indivisible de su Estado (pese a que pocos países la reconocen y los palestinos reclaman lo mismo), Benedicto XVI también llamó a que Jerusalén, ciudad sagrada para judíos, musulmanes y cristianos, sea una ciudad "universal", una "ciudad de paz para todos los pueblos". El Vaticano, en el pasado, habló de la necesidad de que la parte sagrada de la ciudad tuviera un estatus internacional.

Superar las incomprensiones

La jornada de Benedicto XVI había comenzado justamente en la Ciudad Santa, donde, como estaba previsto, visitó dos sitios clave del islam y del judaísmo. Primero, la Explanada de las Mezquitas, donde visitó el santuario de la Cúpula de la Roca (el tercero entre los sitios más sagrados para los musulmanes), y después el Muro de los Lamentos, el corazón del judaísmo.

En el muro blanco de 15 metros de altura, ante el cual también había orado y pedido perdón por los errores del pasado Juan Pablo II, en 2000, Benedicto XVI se detuvo para una plegaria durante un par de minutos. Poco antes, había colocado entre los bloques de las milenarias piedras del kotel un papelito con una oración, como se acostumbra.

"Dios, en mi visita a Jerusalén, ciudad de la paz, patria espiritual de judíos, cristianos y musulmanes, traigo ante ti las alegrías, las esperanzas y las aspiraciones, las tribulaciones, los sufrimientos y el dolor de toda tu gente en el mundo. Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, escucha el grito de los afligidos, de los temerosos, de los desheredados. Manda la paz a Tierra Santa, a Medio Oriente y a toda la familia humana", decía el mensaje escrito en el papel.

Tras su visita a la Cúpula de la Roca, la espectacular mezquita de mayólicas con la cúpula dorada donde se encuentra la piedra desde la cual se cree que el profeta Mahoma subió a los cielos, el Papa volvió a hacer un llamado a superar las incomprensiones del pasado con el islam, en un encuentro con el muftí y otras autoridades religiosas.

"En un mundo azotado por las divisiones, este lugar sagrado sirve como un estímulo y también como un desafío para hombres y mujeres de buena voluntad para trabajar para superar las incomprensiones y los conflictos del pasado, para poner a punto el camino de un diálogo sincero para construir un mundo de justicia y paz para las próximas generaciones", dijo.

Antes de visitar el cenáculo, el sitio donde Jesús celebró su última cena, el Papa, en un encuentro que mantuvo con los dos grandes rabinos de Jerusalén, reafirmó el compromiso de la Iglesia Católica de "seguir el camino emprendido por el Concilio Vaticano II para una genuina y duradera reconciliación entre cristianos y judíos".

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