Una tierra de oportunidades desperdiciada por el peronismo

Qué rompecabezas irritante es la Argentina. Alguna vez fue una tierra de oportunidades tan prometedora como Estados Unidos, en cambio se ha quedado empantanada en un relativo estancamiento. Están los que dicen que la única razón por la que forma parte del Grupo de los 20 es su alto conocimiento de los defaults soberanos seriales.
Para ser justos, esto no es toda la verdad. En la década de los 90, Argentina fue un ejemplo de dinero sólido, con la convertibilidad que vinculaba la oferta monetaria con su stock de dólares. Pero, aunque atarse al mástil hizo maravillas mientras la navegación fue tranquila, también resultó una trampa mortal. Tras la crisis financiera asiática, el país quedó hundido por la fuga de capitales y por tener un tipo de cambio no competitivo cuando otros países devaluaron.

Tampoco puede decirse que los argentinos hayan sido claros villanos económicos tras su default de 2001 por casi u$s 100.000 millones. Pagaron sus deudas al FMI con el aire de alguien libre de atadura contractual. Se llegó a acuerdos en parte de la deuda privada y, con la ayuda del auge de los commodities, el presupuesto ha tenido superávit primario. De cualquier manera, los mercados de capitales tienen poca memoria y volverán a aceptar a la Argentina.

Sin embargo, el Estado está trenzado en una danza precaria de renovación de colocaciones que ha incluido ataques por parte del Tesoro a los cofres de otras entidades del sector público. Amado Boudou, el ministro de Economía, hizo pagos de deuda por u$s 2.250 millones en agosto, pero enfrenta el pago de u$s 5.000 más el año próximo.

La carga de la deuda pública no es insostenible: 45% del producto y menos de la mitad a acreedores extranjeros. Aparentemente Boudou está listo para iniciar negociaciones con respecto a los u$s 6.700 millones que le deben al Club de París y a los bonos en default en manos privados por u$s 29.000 millones. Pero la Argentina se ha retirado de este tipo de acuerdos antes, y Boudou se muestra esquivo con respecto a qué aceptará.

Los esfuerzos por encontrar una forma de tratar a los fondos buitre con más dureza que a los que compraron la deuda de buen fe, como quiere el ministro, son legítimos. Pero el orgullo que embellece al tango puede ser un obstáculo en la gestión de deuda. Cuanto más tarde en llegar a un acuerdo, más tendrá que pagar la Argentina por su nueva deuda en el futuro.

En última instancia, el mayor handicap de la Argentina es su política peronista, que sustituye las políticas por populismo. El doble beneficio del default y el auge de los commodities podría haber amortiguado el efecto de las reformas para fortalecer el sector exportador y reducir las ineficiencias internas. En cambio, los argentinos han sufrido perjudiciales impuestos sobre las exportaciones, jubilaciones expropiadas y cifras de inflación manipuladas.

América del Sur necesita un buen liderazgo regional, pero Argentina apenas se puede liderar a sí misma. Hasta que mejore, continuará siendo la tierra de las oportunidades desperdiciadas.

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