Dos que no tienen nada en común

¿Qué tienen en común el presidente de México y su par de la Argentina? Nada y, sin embargo, se llevan bien. Felipe Calderón no pertenece a la generación ni al partido que, en las décadas del setenta y del ochenta, dieron asilo a los perseguidos por el régimen militar.Jorge Elías

En 1983, cuando la Argentina recobró la democracia, tenía 21 años. Creció, como todo mexicano de su edad, bajo el yugo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Ese gobierno, llamado "la dictadura perfecta" por Octavio Paz, gobernó el país durante 71 años. Concluyó en 2000, con la victoria de Vicente Fox.

Cristina Kirchner, al igual que su marido, hizo suyo el drama de las víctimas del terrorismo de Estado. El agradecimiento a la hospitalidad mexicana, cristalizada en la generación "argenmex" (familias de argentinos y mexicanos), excede a Calderón, más inclinado a vincular a Borges y Cortázar con Alfonso Reyes y Juan Rulfo que a sumergirse en tiempos políticos pretéritos.

Calderón se formó en el Partido Acción Nacional (PAN), de centroderecha. Si primara lo ideológico, Cristina Kirchner debió excluirlo de su agenda. ¿Por qué hizo una excepción? La relación con México tiene una particularidad: el comercio bilateral creció un 300 por ciento entre 2002 y 2007. México, a su vez, se convirtió en estos años en uno de los principales inversores en la Argentina.

Desde el comienzo de la gestión de Néstor Kirchner, la relación con México figuró entre sus prioridades. Lo mismo había sucedido durante el gobierno de Eduardo Duhalde. En 2003, en medio del conflicto con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por la deuda, el entonces presidente mexicano, Fox, se apresuró a brindar ayuda antes de que su par de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, moviera un dedo.

Dos años después, en la IV Cumbre de las Américas, realizada en Mar del Plata, Fox sintió que aquel gesto había sido en vano: los desplantes a George W. Bush por la oposición del Mercosur y Venezuela al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la cumbre paralela de la cual participaron Hugo Chávez y el aún dirigente cocalero Evo Morales colmaron su paciencia y enfriaron la relación política, pero no afectaron la comercial.

Tan importante era y es la relación comercial con México que, en 2005, el entonces canciller Rafael Bielsa, durante su campaña para ser diputado nacional, no dejó de ocuparse de ella por indicación de Néstor Kirchner.

Parecido y diferente

La relación con México, a diferencia de cualquier otra entablada por este gobierno y el anterior (el mismo gobierno, en realidad), se cuida el detalle.

Nadie creyó que fueran casuales los titulares de los diarios argentinos de ayer sobre la captura del "mayor proveedor de efedrina a los carteles mexicanos", anunciada por el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, en coincidencia con el arribo de Calderón.

Varios funcionarios mexicanos (entre otros, el secretario de Gobernación, versión mexicana del ministro del Interior) estuvieron en el país apenas surgieron las primeras pistas sobre la conexión entre narcotraficantes mexicanos y argentinos.

En los papeles, el Consejo de Asociación Estratégica Bilateral firmado por ambos presidentes es, sobre todo para el gobierno de Cristina Kirchner, algo así como un resarcimiento frente a quienes insisten en creer que la Argentina vive ensimismada. Es decir, casi todos.

Calderón no pertenece a su generación ni comulga con su ideología, y sin embargo no vaciló en recibirla en la residencia oficial de Los Pinos en el comienzo de su campaña presidencial.

Ya era otro México, sin el "dedazo"del PRI (designación a dedo del candidato presidencial por parte del mandatario en funciones) ni sus habituales acarreos de gente para ganar elecciones con fondos públicos. También era otra Argentina, curiosamente parecida a aquello que ese país había superado.

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