Qué tienen en común el blanqueo de capitales y el estancamiento productivo

Es posible que en 2009, un año electoral, la recaudación crezca menos que el PIB nominal, por eso se apela al blanqueo de capitales. Pero representa un premio a la informalidad, cuyo avance favorece la improductividad

Por Gabriel Sánchez Zinny, presidente de Ieral-Fundación Mediterranea

Dicen que la necesidad tiene cara de hereje. Se viene un año 2009 electoral, con una economía necesitada de liquidez y estímulos de política y con un fisco necesitado de caja. Con la combinación de freno esperado de la economía y de la inflación, más la caída de precio de los commodities, es posible que la recaudación crezca menos que el PIB nominal el año próximo. De ahí que el gobierno esté apelando a herejías tales como el blanqueo de capitales. El problema es que es un premio a la informalidad pasada, presente y futura, que va a dejar marcas permanentes en la productividad. El avance de la informalidad, junto con respuestas proteccionistas, desplaza a las unidades productivas más eficientes y genera mecanismos de competencia desleal que se auto-alimentan. Así realimentamos el círculo vicioso informalidad, mercado-internismo, baja productividad, crisis y nuevas herejías.

El análisis y la intuición económica coinciden en que hay una asociación negativa entre informalidad y productividad. En un estudio que estamos haciendo en el Ieral hemos cuantificado esta predicción analítica para un sector muy relevante como es el de supermercados. El alto desempleo causado por la crisis de 2001-2002 y la aceleración de la inflación desde 2006 llevaron a condonar prácticas informales en este sector, que permitieron que pasara a ser dominado por negocios informales de baja productividad (hoy representan 65% de las ventas). Como nunca se adoptaron políticas para combatir la informalidad, la productividad del sector hoy es un 40% inferior a la de 1997.

En 1998, 50% de las ventas en supermercados correspondían al canal moderno: las grandes cadenas que muestran alta incorporación de tecnología, mejoras en sistemas, logística, distribución y manejo de stocks, y servicios al cliente. La otra mitad correspondía a los canales tradicional (almacenes de barrio) y de auto-servicios, que eran menos productivos y presentaban cierta informalidad. Hoy el canal moderno representa sólo 35% de las ventas totales. El resto está pasándose crecientemente a la informalidad.

El informal paga salarios que son 50% inferiores al canal moderno, y se ahorra un 70% de costos laborales por sobre el salario. Además se ahorra cierta proporción de impuestos nacionales, provinciales y municipales, y de los costos de cumplir con normativas municipales. Esto le permite obtener márgenes mayores, vender más barato y ganar lo mismo o más que el formal, aún con una productividad mucho menor. La productividad en el canal moderno es entre 1,6 y 3 veces mayor que en el informal.

Si hoy se revirtieran las market shares y el canal moderno capturara el 70% de las ventas, por ese solo efecto la productividad del sector crecería 37% de modo instantáneo, y más aún en la medida en que los formales respondieran con más inversiones y mayores mejoras tecnológicas.

La informalidad en el sector avanzó significativamente tras 2002, como resultado de distorsiones crecientes en materia de presión impositiva y costos laborales, y de insuficiente esfuerzo público en hacer cumplir la formalidad en el sector. Esta tendencia resulta de la complicidad de un Estado gasto-maníaco con gremios revitalizados (el gasto público en términos reales creció anualmente el triple entre 2003 y 2008 que entre 1993 y 1998), que buscan financiarse cazando en el zoológico y no en la selva.

La literatura económica resalta como, pese a su alto costo, las recesiones pueden tener algún efecto beneficioso cuando permiten desplazar a las unidades productivas menos eficientes por nuevas unidades más eficientes (la destrucción creativa de Schumpeter), contribuyendo así al avance tecnológico y el crecimiento de la productividad. Por eso la respuesta de política no debería alentar la informalidad y ni proteger las unidades menos eficientes. Lo ideal sería contar con margen propio para aplicar políticas anti-cíclicas y no tener que reemplazarlas con herejías anti-productivas.

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