La tiene atada

Por: Marcelo MallerDavid Nalbandian es el Rey que no capitula. Es el jugador talentoso que se reiventa asimismo cuando los demás piensan que está más cerca del olvido que del éxito. Siempre está este unquillense que desparrama calidad en los momentos más difíciles. Ayer dio una muestra más de su cabeza fría y corazón caliente: venció a la nueva estrella del tenis argentino, Juan Martín Del Potro, y no solo conservó su número 1 de nuestro país. También llegó a su 18ª final del circuito y hoy buscará el décimo título de su carrera.
Cuando todas las miradas estaban puestas en el ascenso extraordinario del tandilense, cuando muchos recordaban la victoria de Del Potro una semana atrás en el Masters Series de Madrid en el choque entre ambos, Nalbandian apareció sobre la carpeta sintética suiza para decir: "Aquí mando yo".

Y aunque resulte fácil afirmarlo con el resultado puesto, no es caprichoso: el cordobés apela a su mejor tenis cuando le tocan el orgullo. Hay que desplegar hacia atrás las páginas del calendario para refrendar esta afirmación. En 2005 era suplente en el Masters de Shanghai cuando lo llamaron de apuro para reemplazar al estadounidense Andy Roddick. Fue al torneo chino y en silencio llegó a la final. Federer era por entonces el número 1 del mundo y le ganó los primeros dos sets. Pero Nalbandian lo dio vuelta y escribió la historia con letras doradas al llevarse el título.

Al año siguiente se lo castigaba por no poder ganar un Grand Slam estando tan cerca. Había llegado a las semifinales de Australia (perdió con el chipriota Marcos Baghdatis luego de haber ganado los dos primeros parciales) y de Roland Garros --abandonó ante Federer por una lesión--, pero se quedó en la puerta de la definición. Y en el Masters sufrió la noticia inesperada de la muerte de su ahijado. Sin embargo le puso el pecho a la situación y alcanzó las semifinales. Y a quienes podían dudar de su juego como visitante les regaló dos victorias sensacionales en la final de la Copa Davis en Moscú, ante Rusia. Sino que lo digan Marat Safin y Nikolay Davydenko que lo sufrieron en sus respectivos singles.

Cuando aparecen los que fustigan su estado físico, como sucedió el año pasado, Nalbandian les da respuestas inmediatas. Se puso en línea y jugó el mejor tenis de su vida para quedarse, también a fin de año, con las copas de los Masters Series de Madrid y París. Y siempre acompañado de un excelente ranking armado con un sólo dígito.

Llegó 2008. "No, no aguanta tres partidos en la Davis", se escuchó. Y él fue y ganó con alma sus tres puntos ante Suecia para que la ilusión siguiese viva. Es verdad que el lunes le dolía hasta el espíritu, pero...

Nalbandian es un crack. Por eso siempre da la impresión que juega cuando quiere. Y en esta última parte del año quiere más que nunca porque su único deseo es levantar la Davis, una de sus cuentas pendientes y uno de los grandes objetivos que se había impuesto para esta temporada en la que no pudo ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing y en la que no pudo obtener su primer título en un Grand Slam.

Hay que verlo tirar ese revés paralelo a dos manos a Nalbandian. Se puede disfrutar esa presencia que le da a sus golpes cuando su mente está focalizada en ganar. Hay que soportar sus tiros soberbios. Como ayer, cuando sufrió poquito y nada ante su ahora clásico rival. Aún si Del Potro no hubiese tenido esos dolores en la uña del pie derecha, habría sido muy difícil derrotarlo.

David Nalbandian no se esconde en las malas y en todo caso se toma sus tiempos. Que lo sepan todos, incluido el gran Federer, que se le plantará en una nueva final. En polvo de ladrillo, sobre césped, en cemento o carpeta, él siempre tiene una carta guardada. Después, más allá del horizonte, lo espera Rafael Nadal. Jugando como ayer, la Davis está más cerca...

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