Tiendópolis es ahora la capital de la epidemia

El gobierno, la ONU y EE.UU. impulsan el éxodo de la ciudad al campo, mientras la diarrea, las infecciones respiratorias y de la piel, el tétanos y la meningitis se adueñan de los sobrevivientes.
Las primeras enfermedades han hecho su aparición en el desolado Puerto Príncipe, donde continúan las labores humanitarias mientras los comerciantes del centro tratan a la desesperada de salvar sus mercancías del pillaje. Las diarreas, las infecciones respiratorias, los problemas dermatológicos, el tétanos y la meningitis son algunas de las dolencias que se expanden entre quienes no han muerto directamente de los efectos del terremoto, del que se esperan réplicas.

Pasados diez días desde el terremoto, ha descendido algo la avalancha de heridos con traumatismos y amputaciones, propia de los primeros momentos en situaciones de emergencia, y se ha entrado en una segunda fase, en la que comienzan a darse casos de esos tipos de enfermedades.

Puerto Príncipe, por otra parte, comienza a mostrar signos de una tímida normalización en su actividad cotidiana, con la presencia de brigadas de limpieza en algunos lugares, la actividad comercial y la reaparición de patrullas de la ONU, que hasta ahora habían atendido en muchos casos obligaciones derivadas del terremoto. Los comerciantes del centro de Puerto Príncipe han comenzado a vaciar sus almacenes para llevarse todas las mercancías a otro lugar y ponerlas a salvo del pillaje, que se repite día tras día en esta zona de la ciudad, arrasada por el terremoto del pasado 12 de enero.

Avalanchas formadas por cientos de personas en busca de algo para comer o para vender recorren todos los días los ruinosos comercios de la avenida Dessalines y las calles adyacentes, en el centro de la capital, que se ha convertido en una especie de ciudad fantasma. Los saqueadores están por todas partes, se meten por los agujeros entre los escombros y recorren las azoteas de los establecimientos.

En una de ellas, tres jóvenes que no quieren dar su nombre admiten que están buscando algo para robar, pero hoy ha sido un mal día, ya que no han encontrado gran cosa. La conversación acaba de repente, cuando suenan dos ruidos sordos y todos echan a correr ante lo que afirman son disparos de la "policía mala", como la califica otro joven. Jean Martín, de 22 años, con el rostro tapado hasta los ojos, explica a EFE que no le queda más remedio que buscar entre las ruinas, que visita cada día desde que ocurrió el sismo. "Tengo muchos problemas, tengo hambre. ¿Tú entiendes? Tengo que buscarme la vida. Mi mamá murió en el terremoto, mi padre está desaparecido y ahora me he quedado solo", relata en un español que aprendió en Puerto Rico. "Ahí hay muchas cosas: comida, ropa... lo que quieras. La policía no da problemas, (porque) sabe que tenemos que comer", agrega. (EFE).

Unicef denuncia el rapto de 15 niños y advierte contra apurar las adopciones

Representantes de Unicef alertaron ayer en Nueva York sobre la posibilidad de que redes de tráfico de personas comiencen a sacar de Haití a niños supuestamente huérfanos sin garantizarles la documentación adecuada para su adopción legal. Según el portavoz de la agencia de la ONU, Christopher de Bono, "a los traficantes les gusta pescar en aguas vulnerables y sabemos por experiencia que en medio del caos que sigue a una tragedia de grandes magnitudes se presentan casos de tráfico de niños".

Jean Claude Legrand, asesor de protección de la infancia de Unicef, denunció que al menos 15 niños han sido raptados de hospitales haitianos.

En la Argentina, 500 familias han manifestado su voluntad de adoptar a niños que quedaron huérfanos durante el terremoto del día 12. De Bono declaró sin embargo, que es "prematuro" permitir la salida de niños del país caribeño, cuando la situación apenas permite garantizar el cumplimiento de los pasos legales para la entrega de menores a nuevas familias.

Comentá la nota