Los tiempos políticos de Don Julio y el Gobierno

Por Daniel Arcucci

Quien fue la cara más visible de uno de los contratos más famosos y controvertidos de la historia del fútbol argentino, no salió a darla en el momento de rescindirlo. De boca de su vocero se escuchó, entonces, la lapidaria definición, que no por previsible dejó de ser conmocionante: "El contrato acaba de morir".

No hubo aplausos, pero fue posible advertir en el ambiente una euforia similar a aquella que hizo explotar al Congreso el día que el efímero presidente Rodríguez Saa anunció que se suspendía el pago de la deuda externa.

¿Una exageración? El fútbol es exagerado. ¿Que la política y el fútbol no se pueden comparar? Cómo no... Si esta historia tiene más de la primera que de lo segundo, hasta excederlo largamente.

En todo caso, el fútbol ha sido el escenario ideal, el terreno fértil, para que se juegue una fecha -no una más- de ese campeonato que vienen sosteniendo en la cima del poder los Kirchner y el Grupo Clarín. De eso se trata casi todo. Rescatar por estas horas los aportes profesionales y tecnológicos de TyC a las transmisiones televisivas es tan impopular como decir que Julio Grondona es el responsable de algunas cosas buenas del fútbol, tanto como de las malas. No son tiempos éstos de cordura: hay que disparar acusaciones, aunque se conviertan en confesiones; hay que festejar el fin, aunque no se sepa el principio.

Hay palabras que pueden parecer crípticas pero, puestas en contexto, permiten explicar las cosas, armar el guión de la historia. Como el off the record de aquel presidente, tras la primera cumbre, la de anteayer: "No, no me gusta, es muy complejo, no es mi estilo ni el de mi club, pero... son los tiempos políticos de Julio y del Gobierno". Todo se había acelerado hasta el vértigo, sí, "después de que el martes lo convocaron a Julio, para que fuera a Olivos".

Una semana antes, el propio Grondona había iniciado un operativo para terminar con un contrato que amenazaba con ser eterno. Y ayer se terminó, abruptamente. Así son los tiempos políticos.

Se promete que, a partir de ahora, el fútbol será más democrático. Quizá. Se promete, también, que el fútbol estará mejor administrado. Tal vez. Pero no es la primera vez que se promete y no se cumple. Todo está por verse. O, como dijo aquel dirigente, anteayer, "todo es típicamente argentino".

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