Tiempos para ser más solidarios

La crisis financiera internacional, que se suma al proceso inflacionario que arrastra desde mucho antes la Argentina, ha comenzado a generar un clima de intranquilidad que ni siquiera se había registrado durante el largo conflicto entre el gobierno y el campo.
En medio del tembladeral financiero, el gobierno de Cristina de Kirchner anunció la reestatización del sistema jubilatorio, y el parlamento promete otras sesiones con votos cruzados, y hasta alguno "no positivo", probablemente.

Que la remuneración para aquellos que trabajaron toda la vida no esté sujeta a los vaivenes del mercado parece razonable, más aún: muchos fueron los argentinos que nunca aportaron a una AFJP y otros tantos los que volvieron al "sistema de reparto" no bien se habilitó esa instancia. Se puede decir entonces que la decisión del gobierno puede obedecer a un principio político, a una definición ideológica. Sin embargo, una vez más -igual que a la hora de proponer las retenciones móviles- el gesto no sólo no llega a ser capitalizado políticamente sino que se vuelve en contra, después del anuncio no concretado del pago al "Club de París" y con el Banco Central como gendarme financiero para frenar la escapada del dólar. El gobierno no se ocupó de dejar en claro la intangibilidad de los fondos, es decir de los aportes/ahorros de los afiliados a las AFJP. Con eso sólo hubiera sido suficiente como para acallar voces opositoras a las que la torpeza oficial alimenta opíparamente. Si la plata no se toca, quién puede oponerse a un negocio en el que de cada 10 pesos que se aportaban al sistema, 4 eran de comisiones. Para no entrar a especular acerca de los manejos financieros -expresamente vedados por la ley- que se detectaron en las últimas semanas comprando dólares y sumergidas en la timba. Pero como se dijo más arriba, los principales escollos del gobierno son su propias limitaciones. Desde la oposición -al menos la progresista-, los cuestionamientos son de forma más que de fondo, aunque el kirchnerismo ha hechos de las "formas" cuestiones absurdas e indefendibles.

En este contexto, no exento de versiones de feriado cambiario y bancario, suspensión de tarjetas de créditos y otras calamidades, el gobernador Hermes Binner ha convocado al "Consejo Económico y Social", si bien no lo ha hecho bajo esa invocación, que pretende crear por ley, la reunión de mañana en la Casa Gris va a juntar a dirigentes de todas las corrientes políticas, sindicalistas, empresarios, y organizaciones sociales. Dificílmente surja un documento de consenso que vaya más alla de generalidades y expresiones de deseo. Desde ya que es harto complejo que coincidan empresarios y dirigentes sindicales, tanto como gobierno y oposición. Sin embargo, es importante la convocatoria, no sólo para evaluar la respuesta que tiene el gobierno, sino para facilitar escenarios de búsqueda consensos ahora que la crisis se ha patentizado en Santa Fe como en ninguna otra provincia. Que se sepa no hubo otra empresa que General Motors que mandara 500 telegramas de despido de un saque. La oportuna intervención del ministro de Trabajo de Santa Fe y la inmediata declaración de la "conciliación obligatoria" -acatada por la automotriz- retrotrajo la situación al estado previo, que tampoco era el idea, ya que la fábrica de General Alvear tenía cerradas sus puertas y el doble de operarios en la calle sin saber que podría pasar. Este instrumento, que deja sin efecto los despidos, no alcanza para garantizar la reapertura de la planta, lo cual es delicado. El otro sector que tiene luces de alarma encendidas es el de la industria frigorífica, y si bien los principales empresarios tienen excelente dialogo con el gobierno, eso tampoco alcanza para garantizar la continuidad de la fuentes de trabajo. Así las cosas, el gobierno no debería esperar que los empresarios le digan "qué podemos hacer, cómo podemos ayudar", debería conformarse con que no le pidan nada extra, como exenciones impositivas, precarización del empleo y otras prerrogativas tan caras a algunos sectores de la producción. Sino que le pregunten al intendente Miguel Lifschitz que tuvo la osadía de invitar a economistas -y se le coló algún tunante- para aportar y debatir ideas para mitigar la crisis y terminaron pidiéndole "flexibilidad" en las concesiones por parte del Estado, algo así como "hacer la vista gorda" para algunos negocios que más de uno de los invitados tienen en carpeta en el municipio.

Va a ser interesante analizar cuál será la posición del PJ, que esta semana adelantó que trataría el presupuesto, pero a cambio quiere que Binner sea el interlocutor en la mesa de diálogo, y si bien el gobernador no está convencido de que eso sea bueno para la gestión, algún gesto va a hacer en ese sentido, más que nada por necesidad: ya quedó expuesto lo que pasa cuando no se negocia con el PJ. La quinta cuota del inmobiliario podría ser un elemento. Como se sabe, el proyecto que ya votaron los senadores deriva el monto de esos ingresos íntegramente para los municipios y comunas, y no sólo los jefes distritales del PJ lo quieren, también los del Frente Progesista, aunque no puedan decirlo en voz alta, sacan cuentas y concluyen que "peor es nada". Y aquí aparece otro elemento a tener en cuenta de aquí en más, sobre todo en 2009, año electoral. Qué actitud tendrá el gobierno provincial hacia los municipios, y lógicamente, lo más importante es el nexo con Rosario. Hasta ahora, la "sinergia", la ventaja de ir "en el mismo sentido", no se nota. Más aún, la segunda gestión de Lifschitz está "pagando" los estertores del primer tiempo, por ejemplo en Cultura, donde estuvo la ahora ministra Chiqui González. En otras áreas tampoco van a contar, ni remotamente, con el presupuesto de aquellos días. "El 2009 será un año austero y sin obra pública", se apuró a decir el intendente sin que nadie se los preguntara. Si así fuera, cuál es la perspectiva electoral para el 2009, prueba de fuerza para pensar en un 2011 venturoso. ¿O es que en Santa Fe alguien piensa que al socialismo le puede ir bien en la provincia sin que ocurra lo mismo en Rosario? Esto dentro de una lógica que por ahora no contempla reyertas internas o la "sucesión" de Binner, que no tiene ni quiere reelección. O hay que pensar en eso también cuando todavía no se ha cumplido ni la cuarta parte del mandato.

Estamos en medio de una crisis que no tiene un solo origen y seguramente tampoco una única solución. Sin embargo, hay presupuestos básicos aplicables en tiempos normales -si es que éstos existen en la Argentina- y con más razón necesarios en momentos difíciles. La solidaridad es uno de ellos, presente en todos los discursos y pocas veces palpable en la vida real.

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