Tiempos difíciles para oxigenar gestión

El gobernador Daniel Scioli debió operar sobre fines de año los cambios para una situación que no se muestra como un verdadero relanzamiento. Las dudas sobre la ida de Claudio Zin de Salud. Declaraciones impactantes de un dirigente rural abre debate sobre los límites y la responsabilidad.

Como si la situación de inseguridad no bastara para nutrir una gran preocupación en la gestión, aparecen más nubarrones en el horizonte de Daniel Scioli, generados por cambios en el gabinete, que suelen mostrarse, sin éxito, como consensuados cuando, en realidad, son fruto de rupturas y reacciones

La retirada de Claudio Zin de la Cartera de Salud se inscribe en el terreno de lo penoso, sobre todo por las presuntas esperanzas que el gobernador había adjudicado en alguien que además del título profesional de médico, no igualaba frondosos antecedentes en materia de gestión y de política sanitaria. Difícilmente haya agregado un centímetro del camino que trazaron sus antecesores. Sólo la astronomía aportará, alguna vez, una respuesta sobre su distancia con el legado de Ramón Carrillo, hoy patrimonio cultural más allá de las pertenencias partidarias. Esto, por si alguien en un ocio demasiado denso se le ocurriera obtener alguna precisión al respecto.

El retiro de Zin -que, por suerte no abarcaría tal efecto en segundas y terceras líneas de ese ministerio, que han hecho un aporte en base a su propio conocimiento y dedicación- describe un doble ribete de escándalo.

Primero su definición de por qué ocurrió su dimisión. Scioli le brindó, al parecer, un pequeño puente de plata de retirarse en silencio, pero como buen divulgador, Zin se decidió a volcar su marco interpretativo de la cuestión. En esto es bueno ir por partes.

El ex funcionario confesó en declaraciones periodísticas que no comprendió o no se adaptó a los códigos de la política. Rápidamente, se convierte en un detractor del rol que ocupó horas antes. Pero por otra parte llamó la atención que haya demorado dos años en darse cuenta de esa falta de adaptación o de comprensión de lo que llama códigos políticos y, por caso, no haber promovido cambios desde su status de funcionario.

Pero también con esa confesión afecta la imagen del gobernador. Esto, porque asimila a Scioli a un papel pasivo que permitió la continuidad de los viejos códigos de la política. Desde la oposición, algunos voceros alcanzaron a señalar que "en realidad jamás entendió los códigos de lo que es gestionar". En este sentido, el debate promete ser denso.

La otra cuestión es mucho más problemática, sobre todo para el futuro de Zin. Se refiere a que ha sido salpicado por el efecto de la investigación por la denominada causa por la "mafia de los medicamentos".

Esa, al parecer, fue la real causa de su alejamiento y no reflexiones de sociología política. El fantasma de la causa por los medicamentos tuvo alguna influencia a la hora de determinarse la ida de Zin del ministerio. En ese sentido, se inscribe la posibilidad de varias citaciones a futuro y no hay garantías ni privilegios para nadie.

Scioli decidió entonces cortar de cuajo, aunque con algunas demoras, esta situación que amenazaba con comprometer su propia imagen.

En otro orden, el gobernador fue comprensivo con otros a quienes les reconoció su fidelidad, un requisito que es necesario pero no suficiente para aumentar la calidad de gestión.

Podría ser ese el caso de Rafael Perelmiter, quien tendrá un lugar preponderante en el Directorio del Banco Provincia, con otros estilos, muy diferentes de una gestión de control exhaustiva como ocurría en la Agencia de Recaudación ARBA.

También hubo reconocimientos para algunos y el permiso para volver al llano para otros, como ocurrió con el anunciado retiro del Secretario General de la Gobernación, José Scioli, ya anunciado en esta columna.

Merece un párrafo aparte cierto ataque verbal sufrido por el mandatario provincial a expensas de un dirigente rural con quien tuvo algún diálogo fluido hace un trimestre aproximadamente.

La recomendación del titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, acerca de poner en duda la continuidad de Scioli al frente del gobierno provincial tuvo un efecto tan quirúrgico como sorpresivo en el ánimo del oficialismo.

Ligar y relacionar la continuidad de un gobierno con legitimidad popular con una negligencia en un plano operativo en materia de seguridad recuerda a aquellos sectores que con su discurso, intencionalmente o no, añoran viejas épocas de gobiernos de facto. Para colmo, el enunciador de tal consejo, es representante de una corporación a quien se le achacó durante meses el ánimo destituyente sobre el gobierno nacional.

Biolcatti reconoció luego que sus declaraciones no fueron de las más felices. Sin embargo sus posteriores rectificaciones abonaron aún más al terreno de la confusión.

Muchos concluyen que el dirigente rural sangra por la herida provocada por resentimientos. Sobre todo en aquella época en que se pudo haber visto utilizado como elemento de la estrategia sciolista del despegue del kirchnerismo.

Un par de reuniones con Scioli y una de ellas en tierras de Palermo, en la sede de la Sociedad Rural, lo expusieron demasiado a Biolcatti como un eventual partenaire o socio de esa estrategia.

Y cuando esperaba alguna profundización de tal táctica vino entonces la renuncia de un ministro agropecuario provincial y el ya conocido alineamiento.

En el caso de Biolcatti pareció, entonces hablar el inconciente más que un dirigente que debe medir sus palabras en democracia, no por su contenido, sino por su responsabilidad.

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