Tiempo de turbulencia política

Por: Osvaldo Pepe.

El kirchnerismo tiene una concepción tan destructiva de la política que termina desgastando valores y aspectos positivos que el peronismo había instalado en la escena política argentina de una vez y para siempre.

Un caso es el de las organizaciones sociales, producto de la crisis de 2001, en gran parte cooptadas luego por el Gobierno. En verdad, ya el primer Perón hablaba de ellas: las llamó "organizaciones libres del pueblo" y, a su modo, fueron la prehistoria de las redes sociales, pero con un sesgo filosófico más intenso. Muy distantes tanto del piqueterismo tradicional y combativo (Cutral Có, la cuna de los piqueteros, reniega de D'Elía y los militantes K) como del aire frívolo de las tramas entre internautas. Aquella forma de organización popular resumía el principio de subsidiaridad del Estado, doctrina que potencia la participación y el protagonismo de la sociedad allí donde las decisiones del poder político no llegan o son ineficaces.

A fuerza de monumentales subsidios, regimentación política y subordinación incondicional, el kirchnerismo fue transformando a algunos de los grupos de hoy en fuerzas de choque. Resultado: se vuelve a debatir sobre la violencia en la construcción política, y algo peor. Se alimentan los argumentos de quienes aspiran a descalificar toda forma de articulación solidaria de los sectores más sumergidos de la sociedad.

Para afrontar los dos años de mandato que aún le restan, el kirchnerismo debería copiar los aciertos del peronismo y no sus errores, como habitualmente hace. La intolerancia, la delación, el escrache violento, y hasta los aprietes vía e-mails anónimos (con tufillo a inteligencia de cuarta), en los que se ataca a los periodistas críticos del poder K con alusiones rastreras a sus familias, son apenas el testimonio crepuscular de un tiempo turbulento que se resiste a su ocaso.

Comentá la nota