Tiempo de sorpresas.

La gran novedad es la presencia de la oposición.
La elección del domingo pasado, si bien le dio al oficialismo un triunfo amplio en toda la provincia, dejó un tendal de heridos, en tanto que muchos dirigentes apostaron no solo a ganador, sino a ganar en forma aplastante y no lo consiguieron.

En el panorama general, el justicialismo afín a Luis Beder Herrera cosechó triunfos en todos los departamentos, en muchos casos por grandes diferencias, como sucedió en Arauco, o a través de los distintos candidatos que competían entre sí pero tienen al gobernador como referente, como es el caso de Chilecito. Sin embargo, sobre todo en el caso de los diputados nacionales, se registró un fuerte corte de boleta que el propio Beder Herrera reconoció esa misma noche, aunque lo suavizó al considerarlo espontáneo y no "empujado" por alguna dirigencia.

Las caras no eran precisamente de felicidad cuando el gobernador se sentó junto a Griselda Herrera (quien deberá abandonar en diciembre el Congreso) y Jorge Yoma, ya que la gran apuesta era obtener las dos bancas nacionales. De todos modos, Beder rescató acertadamente la posibilidad de abrir el juego a otras fuerzas, una larga deuda de la política riojana, que está en manos de las distintas vertientes del justicialismo desde hace demasiado tiempo y necesita sin dudas del contrapeso opositor para avanzar en efectividad y transparencia.

La gran novedad entonces es la presencia de la oposición, no sólo a nivel de la Legislatura provincial, algo que se esperaba que pudiera suceder, sino a nivel de diputados nacionales. La consagración del radical Julio Martínez, en su retorno al Congreso nacional, con alrededor del 30 por ciento de los votos, es un dato muy fuerte que debe ser tenido muy en cuenta para mirar hacia el futuro. Es una lección para quienes pensaban que solamente con el apellido y el aparato se podía consagrar a un candidato, eso se consigue con trabajo y acercamiento a las bases, lo que en muchos casos no ocurrió.

Apurados

Entre los tempranos festejos que se vieron en el anochecer dominical, el más llamativo fue el del lunismo, que hizo un acto en la Casa de Todos para celebrar el triunfo por el 30 por ciento de los votos, que eran los datos de boca de urna que disponían en ese momento; incluso el propio ministro de Gobierno y primer candidato de la unidad se llegó al centro de cómputos emplazado en la Casa de Gobierno, lo que para algunos fue interpretado como un gesto ampuloso de victoria, cuando apenas comenzaba el recuento de votos.

La verdad es que los números muestran, con escasos votos sin contar, un estrechísimo margen respecto de Guillermo Galván, uno de los hacedores de la gran sorpresa, y apenas cuatro o cinco puntos del resto de las listas que adscribían al bederismo y tenían a Jorge Yoma en la punta de la boleta.

Fuera de la Capital, reaparece el nombre de Fernando Rejal en Chilecito. Su proyecto provincial, luego de la decisión de dejar la diputación nacional, toma fuerza con la ratificación en las urnas; la victoria por sobre los candidatos de Lázaro Fonzalida, un intendente cuyos errores fueron un lastre difícil de superar para Enrique Molina y Graciela Nader, pone a Rejal de vuelta en la línea de largada hacia la intendencia que ocupó durante muchos años.

En la Perla del Oeste, es para destacar el raro fenómeno de la competencia entre dos locales, Martínez y Yoma, para diputados nacionales, en la cual el radical le sacó prácticamente 20 puntos al embajador en México, una derrota flagrante para un político de proyección nacional en su propio pago chico.

La elección del domingo deja, por lo visto, muchas enseñanzas y también muchos interrogantes acerca de cómo evolucionarán estos cambios en la política riojana. Por ahora, es promisorio que la oposición esté presente en la Legislatura y que el oficialismo se refuerce con el retorno de algunas figuras. Como dijo el gobernador, con razón, será un debate más entretenido.

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