Tiempo de Mujer colaboración de Lidia Maire

Garantizar la integración

de los discapacitados

La ley de educación 26.206, en su capítulo V dedicado a la Educación Especial, dice que el Ministerio Nacional, en acuerdo con el Consejo Federal, “garantizará la integración de los alumnos o alumnas con discapacidades en todos los niveles y modalidades según las posibilidades de cada persona”. Esa norma sólo se cumple parcialmente y los progresos que se aprecian son lentos, y distan de satisfacer las demandas de la población escolar con necesidades especiales.

CONQUISTA RECIENTE

La idea de llevar a los niños con discapacidad a la escuela común es una conquista reciente, no tiene mucho más de dos décadas. Se estableció que unos 28.000 niños y jóvenes con esas dificultades asisten a establecimientos comunes, a veces lo hacen también a las escuelas especiales que existen para ellos, pero son muchos más los que, por diferentes razones, no concurren a escuelas comunes.

Ahora bien, las discapacidades de los chicos son variadas y la preparación de los maestros y profesores no es siempre la más adecuada para atenderlos. Tampoco se ignora que los edificios escolares, hoy no pueden albergar con comodidad a sus alumnos, porque no están preparados para recibir a niños y jóvenes con movilidades reducidas.

En muchos casos es imprescindible la presencia de un docente especializado que pueda acompañar a uno o más niños en su paso por la escuela, como sucede con los chicos con síndrome de Down, entre otros. Las autoridades educativas no siempre tienen en cuenta esa necesidad y a veces imponen integraciones que no se pueden llevar a efecto de la manera más satisfactoria o incumplen la ley derivando a los niños a escuelas especiales, por falta precisamente de maestras integradoras que acompañen al docente en el aula.

No debe olvidarse que la estimulación que significa la presencia de muchos niños sin sus dificultades genera un afán de superación que no se da en las escuelas diferenciales. A su vez, si la exigencia es excesiva se logra el efecto contrario y se convierte en frustración.

CREAR FUTUROS ADULTOS

Los niños con necesidades especiales que asisten a escuelas comunes no son todavía muchos . Las cifras conocidas dicen que en todo el país solamente el 26,1 por ciento de esos chicos lo hace, mientras que en la Capital Federal, llamativamente, el porcentaje se reduce al 17 por ciento.

La tarea de generalizar una plena integración con la amplitud que establece la legislación exige una compleja organización de recursos humanos y técnicos.

Se afirma que hace falta una clara voluntad política que la promueva y le dé un desarrollo consistente. Caso contrario, la ley, en vez de marcar una oferta educativa real para la minoridad que lo necesita, pasará a ser un conjunto de buenas intenciones.

Quienes tienen necesidades especiales, deben aprender no sólo en la competencia, sino en la solidaridad ante quien no pueda competir en igualdad. Este beneficio creará futuros adultos que acepten la diversidad y se responsabilicen por una mejor integración social del excluido.

Comentá la nota