El tiempo de los impuestos flacos

Por: Alcadio Oña

En el afán por sumar recaudación de donde sea, la última veta que encontró el jefe de la AFIP es activar operaciones agropecuarias contra el pago al contado de las retenciones. Había pasado, hace poco, con la autorización para exportar 1,5 millón de toneladas de maíz y algunos cortes de carne vacuna. Y esta semana, por un acuerdo con las multinacionales cerealeras, le tocó a un millón de toneladas de trigo.

No es mucha plata, pero toda vale en la estrechez. Lo mismo que haber anunciado la devolución, en abril, de reintegros e IVA a los exportadores por 300 millones de pesos y entregar en realidad 200 millones, según los propios datos de la AFIP.

Hay toda una danza de cuentas para medir la evolución efectiva de la recaudación tributaria. Un par de casos gruesos, en base a los números del primer cuatrimestre arroja:

Si se quita el impacto en los actuales ingresos de la estatización del sistema previsional privado, sale que entre enero y abril de este año la recaudación aumentó 10,6% respecto del mismo período de 2008.

El crecimiento se reduce más todavía, si se incorpora la diferencia entre las devoluciones a los exportadores que se habían hecho en 2008 y las menores realizadas en 2009. Restados ambos factores, la suba total es de apenas 7,2%.

Está clarísimo, pues, el efecto caja implícito en la decisión política de traspasar los fondos de las AFJP al Estado. En el caso del IVA y los reintegros a los exportadores, Ricardo Echegaray alega que existen maniobras de evasión ejecutadas a través de paraísos fiscales, en algún sentido parecidas a las que ahora pretende cortar Barack Obama. Como sea, el jefe de la AFIP ha encontrado aquí otro recurso para mejorar las cuentas.

Así, metiendo todo en la misma bolsa, al funcionario le da que en el primer cuatrimestre la recaudación aumentó 15,7%. Y eso es motivo de orgullo para el Gobierno, que bate el parche con los "números en rojo" de otros lugares del mundo.

Debiera saberse que los problemas de afuera no tapan los propios. Además, que los países centrales tienen espaldas fiscales muchísimo más anchas. Que algunos chicos se ocuparon de crear fondos anticrisis, en los tiempos de las vacas gordas. O que el único crédito disponible para la Argentina viene de la ANSeS y de otros organismos públicos.

El punto es que acá la estructura fiscal se sostiene cada vez más en lo que aporta el sistema previsional: por impuestos puros, sin los recursos de la Seguridad Social, los ingresos de la AFIP sólo subieron 5,2% en el cuatrimestre. La otra cara muestra que, en franco ascenso, la ANSeS representa hoy casi el 32% de la recaudación total.

Se sobreentiende que aun cuando se los contabilice como ingresos y sean usados por el Estado, esos fondos tienen en contrapartida un pasivo, o sea, están atados al pago de jubilaciones futuras. Dicho de otro modo, su uso indiscriminado puede comprometer la solvencia del sistema. Lo sabe el propio titular de la ANSeS, Amado Boudou.

Cuenta, además, que este año habrá que afrontar un aumento del 18% a toda la masa de jubilaciones. Y la eventualidad de tener que cumplir con los fallos judiciales por la movilidad de los haberes que el Gobierno no reconoce. Todo cae sobre una caja que, por otro lado, se exprime para financiar el pago de la deuda del Estado, obras públicas, los más diversos planes de consumo y las obligaciones de ciertas empresas privadas.

Surge, por añadidura, que flaquea lo que debiera ser el verdadero soporte del Estado; esto es, la recaudación impositiva pura. Que en el primer cuatrimestre sólo haya crecido 5,2% revela que corre muy por detrás de la inflación real: equivale a la tercera parte del nivel inflacionario que manejan institutos privados. Y resulta incluso inferior al menos confiable de los índices de precios: el 6,3% anual del INDEC.

La inflación real se ve, en cambio, en el IVA interno, que reportó un 23,3% más que en 2008. También pesan fuerte en ese número los aumentos a la luz y el gas, gravados con una tasa más alta. Y el efecto de la declinante actividad económica aparece mejor representado en el Impuesto al Cheque que, con inflación y todo, apenas creció 5,9%.

Es evidente que Echegaray tendrá que exprimir cuanto pueda del jubileo fiscal, o sea, la moratoria y el blanqueo generosos. Presionar mucho sobre las empresas y las personas que, antes de ahora, ingresaron al país capitales no declarados: para inversiones inmobiliarias, acrecentar sus posiciones accionarias en compañías o adquirir los equipamientos más diversos. Y admitir, hasta donde sea posible, operaciones en los márgenes de la ley.

Además, el jefe de la AFIP deberá lidiar con una recaudación de Ganancias en pendiente, tanto por la eliminación de la tablita de Machinea, como por las menores utilidades declaradas por las empresas. Y enfrentar un fantasma habitual en tiempos de estrechez: la inclinación a eludir el pago de impuestos.

Todo junto, ahora y luego de las elecciones. Puede ser que sólo en apariencias un ajuste fiscal no sea cosa suya. Pero Echegaray ya hizo saber que por mucho que empuje, difícilmente la recaudación emparejará el aumento del gasto público.

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