Tiempo de descuento para el agro misionero

Dentro del complejo universo agropecuario nacional, resulta sobreabundante expresar que existen serios problemas. Y que tampoco la provincia de Misiones escapa a ese cuadro de situación.
No menos angustias viven sus productores, sean ellos, tealeros, yerbateros, tabacaleros, empresarios agroforestales o ganaderos.

Las soluciones deben llegar conforme a las características de cada sector.

Por un lado, las empresas agropecuarias centran sus problemas en los gastos de estructura; por otro, muchos productores deberán adquirir la condición de remedio temporal y sumar a los ingresos de su explotación una actividad intensiva dentro de la propia. Les corresponde a los demás - que no son pocos -, incrementar su producción, o industrializar las materias primas o generar emprendimientos asociativos o cooperativos.

La interacción de los factores directos que rigen la actividad agropecuaria ligada a la tierra, con aportes de trabajo y capital, debería constituir el único sistema que le permita autoabastecerse y generar excedentes para progresar.

Surgiría así, la constitución de la Unidad Económica Agrícola (UEA) que, de alguna manera, Misiones debería determinar para su universo minifundista por zona y por cultivo.

La UEA está indicada como una superficie de tierra que permite el desarrollo del laboreo agrícola y posibilita lograr un nivel de vida digno para el hombre rural y su familia. Empero, las superficies productivas se han ido subdividiendo con el transcurrir del tiempo; en muchas zonas alcanzaron límites extremadamente reducidos. Esto genera una reacción tendiente a contener la “pulverización” de la propiedad agraria y a lograr superficies adaptables.

La definición exacta de Unidad Económica Agrícola resulta difícil, pero lo cierto es que, explotaciones muy reducidas en Misiones dejan poco margen para alcanzar la necesaria subsistencia.

La excepción estará dada por la existencia de un plan que globalice los divididos minifundios, en aras de una producción común y de un volumen significativo para irrumpir en un determinado mercado, con volumen, calidad y por ende, rentabilidad.

¿No será hora de preguntarse cuál será la superficie correcta, la calidad de la tierra y demás condiciones de explotación racionalmente trabajadas por una familia agraria tipo en Misiones?

Es un desafío que compromete a todos, para beneficiar a la gran familia tealera, yerbatera o tabacalera, que aporta la mayor parte del trabajo y que, desarrollando sus actividades corrientes, pueda alcanzar un nivel de vida digno y evolucionar favorablemente sin abandonar sus unidades de producción.

Consejo Agrario Provincial

El problema agrario provincial es global y no de un rubro en particular. Los aspectos que coadyuvarán a mejorar la situación de las actividades primarias provinciales, pasan por la planificación. Ella debe efectuarse para el corto, el mediano, el largo plazo y con la participación inexcusable de todos los sectores: el de los productores, el de las cooperativas, los industriales, los empresarios, los técnicos, la Universidad y el Gobierno.

Esa conjunción posibilitará que, ante un cambio de política, por ejemplo, no cambie aquella que atañe al sector productivo específicamente.

La mayor reconversión del área rural y quizás de la provincia toda, se deberá centrar en un pacto social y económico comprometido con los intereses misioneros.

No sería descabellado refundar un Consejo Agrario Provincial, por caso, para atenuar, corregir o evitar los problemas actuales.

Las soluciones a la problemática agraria, no pueden provenir solamente del ámbito oficial. El Estado, bien podría “ayudar” a los productores primarios a comprender, interpretar y poder insertarse en el nuevo modelo económico con la menor cantidad de traumatismos posible.

Asimismo, muchos productores perciben y sienten en carne propia el funcionamiento incoherente de varios organismos a la vez, con planes disímiles, que accionan y presionan desde distinto ángulo y provocan a quienes trabajan en las chacras, en muchos casos, un daño por incertidumbre o por falla del proyecto.

A la compleja situación descripta, debe sumarse la Universidad. Un estamento que, en materia de “decodificación” de las nuevas reglas de mercado para el sector primario y en el desarrollo de investigación aplicada orientada hacia la reconversión productiva, aún está ausente.

Si estas cuestiones no son contempladas, la posibilidad de cambio, de avance y de protagonismo del sector agropecuario y forestal será escasa o nula.

Gobierno, Universidad, empresarios e industriales deben saber que ser dueño de su tierra, le permite al agricultor misionero construir su futuro y cimentar en su entorno un proyecto ético y esencial.

De allí que el Estado debe apoyar la formación de empresas de productores; brindarles información permanente sobre costos, precios y mercado, financiar transferencia tecnológica; apuntalar los cultivos tradicionales rentables y estimular la diversificación productiva hacia mercados seguros.

Mejor que un gran gesto inventivo solitario, resultará la suma de todas las acciones y el necesario pacto socio-económico provincial de participación abierta.

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