Al mal tiempo, buena cara

El matrimonio presidencial intenta una "refrescada" que le permita recuperar algo de terreno en la consideración popular. Apuntarán a la inseguridad, al igual que sus adversarios. Cristina ya le ofreció a la diputada Paola Spátola, de perfil "duro", la Secretaría de Seguridad Interior. Silvio Santamarina.
A pesar de las bravuconadas orales de muchos kirchneristas, que seguían subidos al carro triunfalista hasta minutos antes de la votación en la nueva Cámara de Diputados, las mentes pensantes del Gobierno ya reconocían puertas adentro que estas fiestas no serán muy felices. Es cierto que en los últimos meses, luego de la derrota electoral del 28 de junio, el oficialismo logró revertir el clima depresivo pasando rápidamente a la ofensiva, ante una oposición que no termina –o no empieza siquiera– a cuajar. Pero igual, la única verdad seguía siendo la realidad: se perdió la elección parlamentaria por un margen claro y preocupante. Y por más que Néstor Kirchner concentró su estrategia de contraataque en vengarse de Clarín por haber sido el flautista de Hamelin que le robó votantes al Frente por la Victoria, la verdad es que la tendencia que le marcan las encuestas de imagen sobre el matrimonio presidencial ya parece irreversible, o al menos así se comenta muy por lo bajo en el área Presidencia: "Esto es irrecuperable. Néstor y Cristina no levantan más. Hagan lo que hagan, la mayoría de la gente, incluso la que se beneficia de sus medidas, ya no los quiere. No hay vuelta que darle". El diagnóstico tal vez suene muy pesimista, en contraste con el control de la agenda que hábilmente ha logrado retener el esposo de la Presidenta luego del revés electoral de junio. Pero los indicios de que el clima en el oficialismo no es de confianza en el futuro se perciben claramente desde las redacciones periodísticas, donde la preocupación de los funcionarios K que llaman a los periodistas ya no está tan puesta –como antes– en defender la gestión presidencial como un todo sino en cuidar la imagen personal del que está del otro lado del teléfono: el individualismo es síntoma de un proceso gradual que puede desembocar en un sálvese quien pueda.

Como en otras oportunidades de crisis de confianza K, volvieron a sonar planes de "lavado de cara", "refrescaditas", cambios de estilo, e incluso se barajan nombres de gurúes internacionales de imagen política, para ver si se les ocurre algún truco que ya no se haya evaluado en la Casa Rosada. Se produzca o no tal contratación de servicios profesionales en el área de la comunicación presidencial, ya está instalada la idea de que algún cambio hay que mostrar para empezar 2010 con expectativas positivas. Entre otras cosas, la Presidenta viene madurando una novedad audaz en un área muy sensible para el sector de la opinión pública que menos la quiere. Antes de su viaje al Vaticano, Cristina Fernández sondeó a la diputada saliente Paola Spátola como candidata a encabezar la Secretaría de Seguridad Interior, consciente de que su currículum tiene un perfil muy duro en lo que se refiere a lucha y prevención del delito y al control del espacio público frente a las protestas piqueteras. A su vez, también forman parte del estilo de la experta en seguridad el diálogo y el intercambio de información con sus colegas, lo cual implicaría un gesto de convivencia con la futura Policía Metropolitana del macrismo, espacio político en el cual Spátola conserva más de un contacto.

¿Se puede cambiar la cara de la gestión kirchnerista? No es la primera vez que se intenta hacerlo desde la asunción de Cristina. En mayo de 2008 se anunció un cambio en la estrategia de comunicación. "Más importante que pelear es acordar", decía la Presidenta. Se apuntaló su imagen externa con viajes a Brasil, España e Italia. La Casa Rosada emitió un par de spots conceptuales, con aire conciliador. El nuevo eslogan oficial fue: "Argentina somos todos". En junio se evaluó la llegada del intendente de Tigre, Sergio Massa, a la jefatura de Gabinete como una oxigenación del Gobierno. En agosto de 2008 se hablaba del "anger management" K, con el objetivo de mejorar la relación con la clase media y con la prensa, humanizar la imagen de Cristina y correr de la escena a Néstor. El equipo de "terapeutas" estuvo formado por expertos en opinión pública acostumbrados a medir la gestión: Ricardo Rouvier, Analía del Franco, Enrique Zuleta Puceiro y Artemio López. Como parte de estos cambios, la Presidenta concedió una conferencia de prensa. Se le aconsejó a Cristina sonreír más, no levantar la voz, mostrarse amable, no acomodar los micrófonos ni sacudir el pelo. Desde entonces, espasmódicamente, reaparecieron los planes para bajar el tono confrontativo de la comunicación presidencial, pero al final siempre terminaba emergiendo el puño y la lengua irónica de Néstor Kirchner. Ahora, entre las nuevas ideas para volver a acercarse a la gente, aparece la preocupación por la inseguridad, materia que el gobierno nacional ha tratado siempre de esquivar denunciando a los medios por crear sensaciones inconsistentes con las estadísticas criminales. Pero las turbulencias que el área Seguridad ha provocado en los gabinetes vecinos (de Macri y de Scioli) y los urgentes "lavados de cara" que tuvieron que encarar el porteño y el bonaerense demuestran que la cuestión ya no se deja barrer bajo la alfombra. Pero quizá, haciendo de la necesidad virtud, pueda servir como excusa para relanzar una gestión desgastada.

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