Tiempo de balances

Cantera inagotable de talentos y otrora protagonistas permanentes de casi todos los torneos, los equipos de Rosario y Santa Fe siguen viendo cómo pasan los años sin aspirar ni siquiera a una vuelta olímpica. En el epílogo del año, Newell’s Old Boys, Rosario Central, y Colón repasan otro año que, en lo deportivo y haciendo un promedio entre los tres, es apenas mediocre.
En el último torneo Apertura, la Lepra es la que terminó más satisfecha. El Canalla es la contracara y lo del Sabalero fue de lo más irregular.

En su debut como Técnico , Fernando Gamboa llevó a Newell’s al lote de punteros casi hasta el final, y a veces hasta con honores a las raíces futbolísticas ñubelistas. El gran problema fue que esto sucedió a cuentagotas fuera del Coloso. Los leprosos sufrieron demasiado de visitantes (37 por ciento de efectividad), condición en que se les hizo sumamente difícil sostener el juego que mostraban y los resultados que obtenían en casa, donde se quedaron con el 75 por ciento de los puntos.

Los cimientos de esta campaña fueron Rolando Schiavi, Germán Ré y Hernán Bernardello, además de los acertados refuerzos como el caso de Sebastián Peratta, Juan Insaurralde y Cristian Fabbiani.

La sorpresa más grata fue quizás la explosión de Leandro Torres, aunque el Chinito dejó claro que todavía no llegó a su techo y que puede rendir mucho más.

Otro punto a favor fue la unión de grupo. A diferencia de lo que pasó en el Clausura, con Ricardo Caruso Lombardi, Newell’s nunca fue noticia por problemas internos, declaraciones cruzadas y entrenamientos conflictivos.

AÑO PARA EL OLVIDO. Bajo el puente de Arroyito corrió mucha agua desde aquel auspicioso debut ante Estudiantes hasta el cierre del torneo en zona de Promoción.

En el medio, rodó la cabeza de Vitamina Sánchez, tomó efervescencia el conflicto por el futuro del Kily González, la gente desaprobó al equipo con insultos y la llegada de Gustavo Alfaro poco y nada cambió. Hasta perdió el clásico.

En cuanto a los resultados generales (4 victorias, 3 empates y 12 derrotas) el Canalla padeció otra vez en este torneo el síndrome de los segundos tiempos. Si los partidos duraran sólo 45 minutos, hubiera sumado 26 puntos en lugar de 15. Pero la Academia rosarina se desinfló como un globo siempre en el complemento y se le escaparon numerosos puntos que parecían en el bolsillo.

Central terminó agradeciendo el bochornoso semestre de River, que al menos lo salvó del papelón de ser el último en la tabla de posiciones. En cuanto a las apariciones, las más saludables fueron las de Jorge Broun y Milton Caraglio. En contrapartida, Andrés Franzoia no rindió a la altura de lo esperado, mientras que Leonardo Borzani, Alexis Danelón y José Vizcarra tuvieron un comienzo aceptable pero luego todos terminaron perdiendo la titularidad. Y la dupla de los González (el Kily y Ezequiel), fue más lo que prometió que lo que finalmente aportó.

Colón y su medianía. Igual que en el primer semestre, Colón terminó el Apertura navegando en el centro de la tabla. Perdió sólo cinco partidos, pero empató mucho –ocho veces, seis como local– y ese fue acaso el gran problema para que sus chances no duraran un poco más de lo que duraron. Y para que el promedio no dejara de ser un dolor de cabeza.

La principal arma del Sabalero fue la ratificación goleadora de Esteban Fuertes, bien acompañado arriba por Rubén Ramírez. Pero los dos habrían rendido mejor si hubiesen estado bien abastecidos. Del resto, poco para destacar: en la defensa, Ariel Garcé, Pablo Aguilar y Germán Rivarola no aportaron toda la solidez que se pretendía y tampoco contribuyeron demasiado con llegadas en la otra área, una característica de los tres.

La irregularidad, en líneas generales, fue lo que signó la campaña del equipo de Antonio Mohamed, que ya dejó en claro que se queda para aspirar a algo más.

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