"Me tiemblan la voz y el corazón al dirigirles estas palabras que quieren traducir mis sentimientos"

La emoción de monseñor Marcelo Colombo al hablar a la comunidad quilmeña
Finalizada la solemne ceremonia de su ordenación episcopal, monseñor Marcelo Colombo -se hará cargo de la diócesis de Nueva Orán, Salta, el 22 de agosto- se dirigió a la multitud, embargado por una enorme emoción.

"Me tiemblan la voz y el corazón al dirigirles estas palabras que quieren traducir mis sentimientos. El Señor me ha llamado a servirlo en su pueblo como padre y pastor de la diócesis de (Nueva) Orán. Miró con bondad mi pequeñez y me confió una misión hermosa, la de hacer presente a su hijo, el buen pastor, con sus gestos y sus palabras ante mis hermanos de Orá. Los distintos signos de la liturgia que hemos apenas celebrado resuenan con fuerza en mi interior y me invitan a poner una vez más la mano en el arado confiando en el obra de Dios, conciente de que su amor y su fidelidad permanecen para siempre. A todos los presentes, gracias por alentarme, por rezar por mí, por acompañar mis primeros pasos desde que se supo la noticia de este nuevo servicio en la Iglesia.

Tuvo un especial recuerdo para su padre, Mario y para monseñor Novak. "Si bien están ausentes, son presencias, que no dejo de extrañar pero que en la certeza arraigada de la fe me los hace imaginar aquí presentes entre nosotros en el misterior de la comunión que celebramos".

Sobre su padre, Mario, recordó "su amor, su sentido creativo y generoso del trabajo, sus palabras, suaves y persuasivas, siempre dispuestas al diálogo, al perdón, la gauchada. Mi papá era músico, y como los músicos y los artistas, tenía el corazón libre, lleno de sueños y de melodías".

De monseñor Novak reseñó que "nos recibió en su seminario, nos formó según el corazón de Cristo y nos impuso las manos para su misión. Más pasa el tiempo, más resplandece en mi memoria esa figura ejemplar que Dios le regaló a la Iglesia en la Argentina. Más soy conciente del peso sagrado de esa herencia paternal y profética. Nos enseñó a amar la Iglesia con pasión evangélica, sin condiciones y a dar la vida por los pobres, por la dignidad de cada persona y sus derechos, por la evangelización y por la unidad de los cristianos. Esos cauces pastorales recorren mi emblema para recordarme siempre de dónde vengo y para ser fiel cada día de mi vida.

"Pero además algunas otras enseñanzas que están en la memoria de mi corazón y que veían de Jorge Novaka me van a servir ahora para mi misión de obispo: el valor de la palabra de Dios, viva, eficaz, la riqueza siempre nueva de la tradición de la Iglesia y de su magisterio, para ayudarnos a entender y a evangelizar, la lectura de los signos de los tiempos a partir de un corazón atento y despojado de prejuicios, lleno del amor de Dios y de su pueblo y la colegialidad episcopal, como expresión de la vitalidad de la Iglesia, la comunidad fundada por Jesús".

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