Tiembla la banca de Ted Kennedy

El presidente norteamericano Barack Obama hará hoy un viaje de emergencia a Massachusetts para intentar prevenir lo impensable: perder la banca del Senado ocupada durante décadas por Edward Kennedy, abrir una crisis interna en el Partido Demócrata y terminar de firmar el acta de defunción de su proyecto más significativo, la reforma de salud.
A 48 horas de la elección del martes, las encuestas le dan una leve ventaja al relativamente desconocido candidato republicano, Scott Brown, sobre la fiscal general del estado y candidata demócrata, Martha Coakley. Hasta hace una semana parecía una certeza que Coakley ganaría la banca más demócrata del país.

El desafío, de repente, se convirtió en un asunto vital. Una eventual victoria de Brown no sólo les daría a los republicanos el voto número 41 en el Senado y les permitiría bloquear la aprobación final de la reforma de salud. Además aterrorizaría a los demócratas, que en noviembre enfrentan las elecciones de mitad de mandato, y pondría un freno abrupto a la ambiciosa agenda parlamentaria de Obama. El peligro es tan grande que el presidente se vio obligado a tomarse un tiempo de los temas urgentes, como la catástrofe en Haití, para intentar impulsar en persona la candidatura de Coakley.

No es la primera estrella de los demócratas que lo hace. El viernes el ex presidente Bill Clinton estuvo en Massachusetts y participó de un acto de campaña. "Simplemente tienen que decidir si quieren elegir a la persona que bajará la cortina de nuestro país", le dijo a una pequeña multitud. Ese mismo día, en Washington, el congresista por Massachusetts, Barney Frank, fue aún más claro. "Si Scott Brown gana, matará el proyecto de reforma de salud", sentenció.

Cualquiera sea el resultado –muchos analistas sostienen que en última instancia Coakley se impondrá por ser un estado tradicionalmente demócrata–, los demócratas ya se pusieron a analizar por qué lo que debería haber sido un trámite se convirtió en una carrera con final cerrado. Quizá confiada por su fácil victoria en las primarias del mes pasado, Coakley dirigió una campaña mediocre, opaca.

Otra razón podría ser la fecha, en medio del crudo invierno, apenas un día después del fin de semana largo por el feriado en memoria de Martin Luther King. Brown, en cambio, realizó una campaña llena de energía, en la que se autodefendió como un republicano al estilo JFK (John Fiztgerald Kennedy), con ideas propias. Mientras es un conservador en temas económicos y de seguridad nacional, se considera más progresista en los asuntos sociales. Pero otros factores también están influyendo en el escenario en Massachusetts. Después de un año en la Casa Blanca, los niveles de popularidad de Obama han caído hasta por debajo del 50 por ciento. De todas maneras, el mandatario viajó al estado y, antes, difundió una propaganda televisiva en la que advierte a los votantes que toda su agenda parlamentaria depende de esa sola banca. Coakley no tiene la victoria asegurada con eso, pero Obama sabe que si pierde será un duro golpe para su liderazgo presidencial.

La presencia de Obama también ayudará a los republicanos más extremistas que intentan expandir el resentimiento contra el gobierno nacional y sus principales medidas: la reforma sanitaria, los crecientes déficit, la inmigración y el establishment financiero, considerado el responsable de la actual crisis económica internacional. Es ese mismo resentimiento conservador que los republicanos explotaron para ganar las elecciones a gobernador en Virginia y Nueva Jersey el año pasado.

Pero lo cierto es que la mitad de los electores registrados en Massachusetts son independientes, por lo que las lealtades partidarias no decidirán el resultado el martes.

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