Yo Tetengo fe, Lobo.

SAN MARTIN (T) 0 - GIMNASIA LP 1: Todo Gimnasia cabeceó con Teté González el gol con el que el equipo de Madelón ganó en Tucumán, ahora llegó a la Promoción y mandó a San Martín al descenso.
Habrá que creer nomás lo que los grandes nos dicen. Habrá que escucharlos, atenderlos nomás, como siempre insisten, porque los años no vienen solos, nene, y todas esas verdades que de tanto repetirnos ya se escuchan rajadas, patinadas, como en un gastado cassette. Y entonces pasan los sábados, los domingos, los partidos, y mientras todos decimos que San Martín (T), el chico rebelde, juega bien, que asombra con su fútbol al igual que Godoy Cruz, resulta que, al final, los grandes tenían razón. Que Gimnasia, el grande, tenía razón. Que Gimnasia, justo en la final que los enfrentó, le sacó brillo a su historia y lo mandó al nene llorando a su cuarto, le gritó que ahora estaba en penitencia, que si seguís así, mirá, te voy a encerrar en la B Nacional.

El equipo de Madelón respetó a Gimnasia. A sus temporadas en Primera, a la Copa Centenario, a los subcampeonatos, a las glorias que supieron conseguir. Mientras el equipo de Roldán repitió los cuatro en el fondo que había utilizado en el 2-1 a Racing (luego de jugar siempre con tres atrás, cuatro en el medio, un enganche y dos delanteros), volvió a acorralar a Cantero en la izquierda y dejó a Ibáñez y el Pato Pérez en el banco, Gimnasia le llegaba a Gutiérrez con Cuevas, Messera, Romero, los laterales y hasta con Teté González. "Hay que convencerse de que se puede, de que hay que jugar al fútbol", se plantó Madelón luego del 1-0 y de lo que su equipo había intentado: jugar. La pierna fuerte de Rinaudo le ganaba a la de Pérez Castro, y desde el medio se lanzaba Gimnasia, que lastimaba con centros cuando no podía entrar por el medio (Messera, solo ante el arco, no la pudo empujar), y que se avivaba también cuándo había que probar desde afuera (la Anguila le tapó un bombazo a Ormeño). El 1-0 fue justo, y mucho más justo hubieran sido el 2-0, el 3-0...

Lo mejor que tuvo San Martín fue que Gimnasia definía siempre mordido, nervioso, mal. Si la idea era que Quinteros y Urbano rompieran la banda izquierda del Lobo, no les salió. Si la idea era que Cantero jugara de semi enganche, tampoco. Apenas Saavedra, llegando siempre por sorpresa, gozó de dos remates que pasaron cerca, y no mucho más. Lo que habrá sudado la Anguila: a los 15' del segundo tiempo tapó un mano a mano que Romero definió suave, a los 23' vio pasar ahí del primer palo un furioso zurdazo de Alonso, a los 45' se alivió porque a Sosa le rebotó un centro de Niell con el arco libre y De Muner la reventó en la línea. Lo que habrán sudado, perdón, los hinchas de Gimnasia, porque el Lobo no lo podía liquidar. Hasta que lo liquidó: la del Pampa fue la última bola porque ni un centro pudo arriesgar San Martín, el nene rebeldón, el nene que anoche se comió un grito. El grande, Gimnasia, tenía razón.

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