Los testigos de la era atómica

Una familia vive en un campamento abandonado de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Es en el paraje iglesiano llamado El Carrizal.
Hay que atravesar varias veces el río. Pasar un puente que está a punto de derrumbarse. Internarse en una quebrada infinita, llena de colores, árboles y agua. Sólo se puede llegar en vehículos 4x4. Como por arte de magia, cuando parece que ningún ser humano puede llegar hasta allí, mucho menos vivir en ese punto inhóspito de Iglesia, aparece el puesto El Carrizal, que está a 12 kilómetros de Angualasto. Los Brizuela viven en ese lugar desde siempre. Ahora lo hacen en un campamento que en la década de los '70 construyó la Comisión Nacional de Energía Atómica y luego abandonó. La construcción, que ya no se usa para ese fin, está intacta. Los Brizuela fueron testigos de los trabajos que se hicieron para buscar uranio, hoy uno de los minerales más codiciados ante la escasez de petróleo.

"En ese momento no sabíamos de qué se trataba. Estas tierras eran de mi padre, se las pidieron prestadas para instalar un campamento y él accedió. Quince años después se fueron, dejando todo lo que habían levantado", dijo Juan Brizuela, quien contó además que después de que pasó todo, se enteraron para qué servía el uranio (una gran fuente energética).

Juan vive en El Carrizal junto a su esposa y tres de sus hijos. Ahora ocupa las construcciones que dejó la CNEA. Se trata de una serie de cabañas de madera todas iguales, que sirvieron para alojar a quienes realizaron las perforaciones. También dejaron los sanitarios. El campamento estuvo habitado desde 1974 hasta 1989. Ahora sirve para alojar a los turistas que pueden llegar hasta el paraje, al igual que los baños.

Los Brizuela mantienen la construcción intacta. Parece que no les hubiese pasado el tiempo. Un parral, las plantas de doña Elba y un par de perros le dan al lugar un toque hogareño. "Lo único que veíamos en esa época era cómo hacían las perforaciones. Todavía hay pozos de más de 40 metros y se conservan intactos túneles y pasadizos que también construyeron durante la búsqueda", dijo Juan. Según el hombre, la gente de la CNEA no daba detalles de la tarea. Y de un día para el otro, se fueron dejando el campamento en pie.

Juan se fue a vivir allí y construyó una casita al lado de las cabañas. Desde entonces, en el lugar aloja al personal de varias empresas mineras que llegaron a la zona para buscar oro. Los turistas aventureros también tienen su espacio. A los Brizuela les gusta recibir visitantes. Dicen que el contacto les sirve para no despegarse demasiado de la civilización. Aunque buena parte del año viven totalmente aislados porque el río crece y corta todo acceso posible entre Angualasto y El Carrizal.

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