El testigo clave del caso Madoff

Por Mario Diament

MIAMI.- Los documentos de la Fiscalía del estado de Nueva York y el testimonio de Frank DiPascali, gerente financiero del megaestafador Bernard Madoff, posibilitan una inédita visión del interior de la operación que permitió a Madoff despojar a sus inversores de la friolera de 65.000 millones de dólares.

El martes último, ante un tribunal federal, DiPascali se declaró culpable de una decena de cargos y reveló detalles que, si bien no terminan de explicar por qué Madoff hizo lo que hizo, por lo menos permiten comprender cómo lo hizo.

DiPascali comenzó a trabajar con Madoff en 1975, cuando tenía 19 años. En principio, hacía investigaciones de mercado y más tarde pasó a operar como trader . Cuando la empresa de inversiones se trasladó a su nuevo edificio, en el 885 de la Tercera Avenida, en Manhattan, DiPascali supervisó la instalación de la plataforma tecnológica, lo que le permitió adquirir un valioso conocimiento del sistema.

La operación fraudulenta se inició, según las evidencias, a fines de la década del 80. Madoff había logrado reunir a una selecta clientela con la promesa de inversiones estables, con alta rentabilidad. En principio, la cartera no pasaba de un centenar de clientes, pero cuando el rumor acerca de las altas tasas que devengaban las inversiones en la empresa de Madoff comenzó a circular por Wall Street, algunas firmas y bancos optaron por derivar el dinero de sus clientes, que cubrían con letras de cambio, con la idea de capitalizar la diferencia entre el interés prometido y el que obtenían de Madoff.

En 1992, la Comisión de Valores y Cambio (SEC) comenzó a investigar estas operaciones irregulares y una de las firmas sancionadas fue Avelino & Bienes (A&B). El juez designó un veedor para administrar A&B y éste reclamó a Madoff la liquidación de todas las inversiones de A&B, que alcanzaban los US$ 300 millones.

Madoff tuvo que hacer malabares para devolver el capital y fabricar los documentos contables que sustanciaran los valores y las transacciones. Si en algún momento pensó que el fraude sería temporario y que podría reencarrilar la operación sobre bases legítimas, el colapso de A&B alejaba para siempre esta posibilidad.

Alentados por el reembolso, muchos de los clientes de A&B volvieron a invertir con Madoff, esta vez como inversores directos. Esto permitió a Madoff ampliar significativamente su cartera y reponerse del drenaje tras la liquidación de A&B.

Para manejar esta masa de dinero -miles de millones de dólares-, Madoff prometía una estrategia que se denomina split-strike o "collar" y que consiste en limitar los márgenes de ganancia y pérdida de un determinado activo.

Como ahora se sabe, todo este movimiento era pura fantasía porque el dinero nunca se invertía. En cambio, DiPascali y otros fabricaban informes ficticios sobre el rendimiento de las inversiones que tomaban de los precios históricos de los valores y que, de esta manera, presentaban una imagen de veracidad.

Con frecuencia, Madoff le hacía saber a DiPascali cuáles eran las pérdidas y ganancias que quería ver reflejadas en los informes y DiPascali y los otros integrantes de su grupo preparaban paquetes de acciones de las 100 primeras empresas de la lista Standard & Poor´s y calculaban hipotéticamente cuál sería el desempeño de estos paquetes si hubieran entrado en el mercado.

La ficción en la que todo este esquema se desarrollaba tenía la dimensión de un mundo virtual. Las computadoras de la empresa habían sido dotadas de programas especiales que permitían incorporar estos paquetes hipotéticos y producir los informes financieros que se enviaban a los clientes.

La sofisticación de la operación era tal, que hasta se construyó una plataforma que imitaba el funcionamiento de la Bolsa de Valores, donde un programa asignaba horas y cantidades a las transacciones, de una manera que hacía imposible que algún organismo auditor detectara un modelo de comportamiento.

Nadie piensa que DiPascali deberá pasar el resto de su vida tras las rejas. Por el contrario, la impresión general es que se trata de un testigo con información tan privilegiada, que su cooperación dará una dramática vuelta de tuerca a la investigación.

Madoff creyó asegurarse el silencio cuando se declaró culpable. Pero hasta el muro más sólido tiene siempre alguna piedra floja.

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