El test de pureza peronista

Por Fernando Laborda

Muy lejos quedaron ya los primeros tiempos del kirchnerismo, aquellos de la transversalidad en los que hasta la marchita peronista brillaba por su ausencia.

Hoy algo está claro para el oficialismo. Deberá luchar voto por voto con otra versión del peronismo en la provincia de Buenos Aires. Y eso explica que los principales golpes bajos que lanzó anoche Néstor Kirchner, en el acto de La Plata, hayan ido a Francisco de Narváez.

Pero el discurso del ex presidente de la Nación no estuvo exento de desaciertos. Reveló cual si fuera un secreto que quien encabeza la lista del peronismo disidente había estado al frente del frustrado proyecto "re-reeleccionista" de Carlos Menem, a quien calificó como "el innombrable". Kirchner no tuvo en cuenta que quien anoche estuvo a su lado y lo acompaña en la lista de candidatos, Daniel Scioli, paradójicamente, llegó a la política de la mano de Menem.

El lema que adornaba el escenario del teatro Coliseo Podestá durante el lanzamiento de los postulantes bonaerenses del Frente para la Victoria, "Nosotros hacemos", no pareció el más feliz. Tiene demasiadas reminiscencias de la vieja frase "roban pero hacen", tan extendida a lo largo de la historia latinoamericana y tan propia de nuestros años 90.

Kirchner fue notificado por sus asesores de que sus referencias al posible retorno de la crisis de 2001 si el oficialismo pierde la mayoría parlamentaria resultaban contraproducentes. Moderó algo su discurso, pero hasta ahí nomás. Habló del riesgo de que "la máquina de impedir" se instale en el Congreso y recurrió a una pregunta retórica: "¿Se imaginan lo que sería?"

Como para que no quedaran dudas de que el oficialismo está luchando por consolidarse entre los tradicionales votantes peronistas, abundaron las críticas al FMI -justo cuando algunos funcionarios empiezan a reconocer que más lo necesitan-, las referencias a las paritarias y los cuestionamientos a los gobiernos que "fueron fuertes con los débiles y débiles con los poderosos". Tal vez sin recordar que, hasta no hace mucho, se subsidiaba el consumo de gas en los barrios más caros de la Capital, mientras el precio de las garrafas en los barrios más empobrecidos subía sin parar.

Mientras Kirchner pareció más preocupado por dar más pruebas de pureza peronista que las que su mayor rival podría ofrecer, encuestadores insisten en otros problemas.

"Hay un 11,5 por ciento de votantes de la provincia que tienen una importante imagen positiva de Scioli y Massa, pero valoran muy negativamente a Kirchner", señala Alejandro Catterberg, de Poliarquía. El comportamiento de esa porción del electorado y el grado de polarización entre kirchnerismo y antikirchnerismo son los dilemas que hoy intentan contestar todos.

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